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Luz de farmacia en la ‘España vaciada’

Sonó alta y clara la Revuelta de la España vaciada por las calles de Madrid. Fue el lema de la histórica concentración del pasado 24 de marzo que reunió a más de 100.000 personas en la capital, según los convocantes de la marcha impulsada por SoriaYa y Teruel Existe, junto con otras 80 plataformas ciudadanas.

Muchos farmacéuticos rurales se sumaron a la protesta, compañeros que conocen de primera mano el impacto de la despoblación y el aislamiento en tantos pueblos y zonas de España que sufren también el cierre de ambulatorios.

La luz de las farmacias se ha convertido en la única referencia sanitaria en muchos municipios que viven un auténtico apagón de servicios básicos y comunicaciones. Los farmacéuticos son, en estos casos, los únicos profesionales sanitarios que están las 24 horas disponibles para una población cada vez más envejecida y polimedicada que vive, además, el drama de la soledad.

Lo decía recientemente el alcalde de El Boalo en nuestra sede colegial: “para mis vecinos, el personal de la farmacia es persona de referencia, de confianza y que les puede ayudar para cualquier cosa que pueda surgir”. También recordaba al hilo del servicio de atención farmacéutica domiciliaria que prestaba la farmacéutica del pueblo a mujeres mayores de 85 y 90 años que “son nuestras súper abuelas y no queremos que estén en una residencia, queremos que sigan viviendo en su casa, queremos que sigan viviendo en su pueblo”.

Por eso, debemos escuchar muy bien cuáles son las demandas reales de los profesionales y de los ciudadanos que viven en el medio rural, sin dejar espacio a otro tipo de reivindicaciones o disputas que nada tienen que aportar a los pacientes. Reivindicamos en nuestro Blog una vez más el importante papel que desempeña y el extraordinario compromiso sanitario y social de una farmacia rural que soporta una elevada carga de guardias con una baja rentabilidad.

Nuestra preocupación no es nueva. Hace unos años, el Colegio abordó su situación en un estudio que dejó al descubierto su frágil situación económica y laboral. Dos de cada diez farmacias rurales en la Comunidad de Madrid obtienen unos beneficios netos inferiores a 1.500 euros al mes por prestar un servicio de salud de primera necesidad en municipios pequeños de menos de 500 habitantes en muchos casos, que no cuentan con un ambulatorio o sólo está abierto por las mañanas los días laborales. Farmacias de la Sierra norte madrileña presentan incluso ingresos inferiores a 1.000 euros y algunas no alcanzan ni las 300 recetas dispensadas al mes, según datos recabados en 2010 por el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid.

Es la otra cara de la moneda de una red de 2.805 farmacias abiertas en la región, que garantiza un acceso a los medicamentos rápido, seguro y profesional a toda la población, ya se encuentren en el centro de Madrid o en cualquier pueblo de la Sierra.

Las farmacias siempre están ahí. Es una realidad que deben tener muy en cuenta nuestros políticos y no solo en periodo electoral. Son parte de la solución para regenerar esta España vacía y ayudar a que los municipios rurales se mantengan vivos. Por nuestra parte, seguimos trabajando para mejorar la situación de la farmacia rural. Somos conscientes de que contribuimos así a defender y apoyar a las miles de personas que viven en tantos pueblos pequeños de nuestro territorio rural.

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