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La enseñanza privada de la Farmacia en el Madrid del siglo XIX

Explican María Esther Alegre y María Esther Gil en su obra “La farmacia del siglo XIX” (Akal, Madrid, 1992), que a partir de 1866 un nuevo plan de estudios de la licenciatura de Farmacia extendió la carrera a seis años, dos de los cuales eran de práctica farmacéutica. La situación dio lugar a la proliferación de Escuelas de Farmacia, llamadas también Facultades Libres, es decir privadas, que se clausuraron en 1886 con la aprobación del nuevo plan de estudios.

Entre ellas destacó la Academia de Farmacia Teórico-Práctica dirigida por el Dr. José Font y Martí, catedrático a su vez de la Facultad de Farmacia y con oficina de farmacia en la calle Caballero de Gracia 23, de Madrid, donde se impartían las clases. En un anuncio publicado en el Semanario Farmacéutico, nº 3, de 20 de octubre de 1872, indicaba los honorarios, por meses:

  • 60 reales por una sola clase
  • 50 reales por clase cuando se cursa más de una asignatura
  • 140 reales por un curso completo de una única asignatura.

José Font y Martí, miembro del Colegio de Farmacéuticos de Madrid y de su correspondiente de Sevilla, era un farmacéutico brillante.

Había nacido en Madrid en 1848, y ya en los cursos de Bachillerato, reseña Valentín Matilla, daba clases de repaso a sus compañeros. Licenciado en Farmacia en 1869 y doctor al año siguiente. Desde 1879 desempeñó el cargo de Subdelegado de Farmacia del Distrito del Centro en la Corte. En 1883 recibió el título de Académico corresponsal de la Real Academia de Medicina por premio a su obra «Datos prácticos de la solubilidad, fusión y ebullición de los cuerpos químicos más notables y en particular de los de aplicación a la Farmacia». Académico correspondiente de la de Ciencias Médicas de Badajoz y de la de Cartagena. Socio fundador de la Sociedad Española de Higiene, de la de Histología y de la Española Terapéutica y de la Sociedad Económica Gerundense de Amigos del País.

Ingresó en la Real de Medicina el 18 de julio de 1889, adscrito a la Sección de Farmacología y Farmacia. Ostentó desde entonces la Medalla núm. 22. En la Real de Medicina desarrolló una labor encomiable, pero, por desgracia, demasiado corta, pues falleció el 19 de febrero de 1897. Siempre fue gratamente recordado, en especial por sus compañeros, que estimaron muchísimo su carácter bondadoso, laboriosidad incansable y vasta cultura. Según detalla el acta, la Junta General del Colegio de Farmacéuticos de Madrid del 21 de febrero de 1897 lamentó su fallecimiento.

Relacionado con el Colegio de Farmacéuticos de Madrid, recogido en la tesis doctoral de María Teresa Ruiz Jiménez (Universidad Complutense, 1990), se detalla asimismo su participación en la Exposición Farmacéutica Nacional de 1882, tanto como secretario de Jurado de expositores, como expositor en sí mismo, con una caprichosa y elegante instalación donde exponía cuarenta productos químico-farmacéuticos, medicamentos galénicos y materiales de origen mineral, así como algunas de sus obras.

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