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Cómo cuidar un ojo seco

El síndrome del ojo seco es una enfermedad multifactorial de la lágrima ocular que impide la correcta lubricación del ojo y que provoca irritación, malestar ocular, problemas visuales e inestabilidad de la película lagrimal con lesión potencial de la superficie ocular.

¿Por qué se produce?

Las estructuras de la superficie ocular deben estar cubiertas por una película lagrimal adecuada en cantidad y calidad. Cuando esto no ocurre puede deberse a:

  1. Falta de secreción acuosa: por falta de secreción lagrimal, obstrucción del conducto de la glándula lagrimal, síndrome de Sjögren (trastorno inmunitario), etc.
  2. Causas intrínsecas: falta de grasa, trastorno de apertura de los párpados, baja frecuencia de parpadeo, acción de diversos fármacos, etc.
  3. Causas extrínsecas: deficiencia de vitamina A, uso de lentes de contacto, enfermedades oculares tipo alergia, etc.
  4. Combinación de todas/algunas de ellas.

Entre los factores de riesgo más comunes podemos destacar:

  • Uso continuado de pantallas de ordenador.
  • Ambientes secos por aire acondicionado o calefacción.
  • Tabaquismo o ser fumador pasivo.
  • Cambios hormonales.
  • Problemas oculares asociados.
  • Cirugía ocular.
  • Toma de ciertos medicamentos: antihipertensivos, descongestionantes, antihistamínicos, etc.
  • Edad avanzada, mujeres a partir de 40 años.
  • Exposición al sol.

¿Qué síntomas produce?

Los síntomas más característicos que presentan los pacientes con ojo seco son:

  • Sensación de cuerpo extraño o arenilla en los ojos.
  • Sensación de sequedad.
  • Escozor, quemazón, ardor.
  • Visión borrosa.
  • Intolerancia a las lentes de contacto.
  • Ojos rojos.
  • En algunos casos se acumula una pequeña cantidad de secreción blanquecina que puede parecer infección, pero que no es más que “restos” de lágrimas después de evaporarse la capa acuosa.
  • Sensibilidad a la luz.

Prevención y tratamiento

La sequedad ocular se puede controlar modificando los hábitos de vida, realizando una correcta higiene de párpados y utilizando regularmente lágrimas artificiales, sin esperar a que aparezcan los síntomas.

Es fundamental modificar los hábitos de vida poco saludables; limitar el uso de pantallas de visualización, forzar el parpadeo, utilizar humidificadores, evitar el tabaco y los ambientes secos,  no exponerse a corrientes de aire, utilizar gafas de sol y seguir una dieta equilibrad rica en ácidos grasos esenciales (omega 3 y 6); toma de pescado azul, aguacate, frutos secos, etc.

El tratamiento es a largo plazo, ya que la evolución de la enfermedad es crónica, lenta y progresiva. Las lágrimas artificiales son el pilar de dicho tratamiento. Se recomiendan aquellas que tienen principios activos que aumentan la retención de agua, como el ácido hialurónico. Es necesario ser constante con el tratamiento y emplear las lágrimas con la frecuencia adecuada. Se comenzará usándolas por lo menos de 2 a 4 veces al día y si los síntomas no mejoran se puede aumentar su frecuencia de uso (máximo una aplicación cada 2 horas). Las lágrimas son inocuas para el ojo y no crean dependencia.

Cuando las lágrimas no son suficientes, existen otras posibilidades que suelen combinarse con ellas, como son el uso de fármacos secretagogos, el colirio de suero autólogo, la oclusión de los puntos lagrimales, etc.

En la mayoría de las ocasiones el ojo seco no conlleva complicaciones, pero se recomienda realizar periódicamente controles oftalmológicos para evitar daños mayores como pueden ser queratitis, úlceras, etc.

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