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Microplásticos y salud pública

Microplástico, una palabra que no dejamos de escuchar en estos últimos años. La presencia de los microplásticos en nuestro entorno está emergiendo como un problema de salud pública, ya que cada vez sabemos más de los riesgos que supone para el medioambiente, el ecosistema acuático y nuestra salud.

Los microplásticos están dispersos por todo el planeta, océanos, ríos, suelo y sedimentos, aire, organismos vivos e incluso en los recursos alimenticios y zonas remotas del planeta como el ártico y glaciares montañosos.

El plástico es un polímero semisintético, con grandes ventajas y bajo coste, de ahí su amplia utilización. El rápido aumento en la producción de productos plásticos ha superado la capacidad de gestionarlos adecuadamente.

Aunque tienen gran estabilidad, los plásticos se ven sometidos a la erosión física y química (viento, radiación ultravioleta, abrasión marina, etc) dando lugar a fragmentos más pequeños (micro y nanoplásticos). Estos fragmentos se acumulan y depositan y se hacen muy resistentes a la degradación, quedando cientos de años en el medioambiente.

Aunque no hay una definición estandarizada del concepto de microplástico, se ha aceptado un tamaño máximo de 5 mm como criterio para su denominación.

 

Primeras publicaciones sobre microplásticos

Los investigadores y científicos llevan años advirtiendo del peligro que supone en salud pública la presencia y sobre generación de los microplásticos. En la década de los años 70 aparecieron las primeras publicaciones sobre microplásticos en el medio ambiente marino. Se analizaba la contaminación de fuentes plásticas primarias, como los gránulos de resina en el agua y en las playas.

¿Cuáles son los riesgos en salud pública? Aún queda mucho por estudiar, pero a día de hoy, se sabe que la exposición a los microplásticos, provoca alteraciones en animales, ya sea por ingestión o por la toxicidad que produce su contacto. Los microplásticos pueden actuar como vehículos de especies invasoras y adsorber en su superficie otros contaminantes químicos y biológicos, algunos de ellos incluidos en el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes.

Se sabe que las micropartículas pueden atravesar membranas celulares y llegar a tejidos y órganos, desencadenando estrés oxidativo, inflamación y daño celular, así como respuestas inmunes localizadas. Hay evidencia de su capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica y la placenta. Y no podemos dejar fuera el riesgo producido por los contaminantes transferidos por dichos microplásticos.

¿Cómo entran los microplásticos en nuestra cadena alimentaria? Los microplásticos están presentes principalmente en el estómago y los intestinos de los animales marinos. Éstos, generalmente son eliminados y no constituyen una importante fuente de exposición para los consumidores. Por el contrario, el consumo de crustáceos y mariscos bivalvos dado que ingerimos su tracto digestivo, podría exponernos a microplásticos. Aparte de en los productos de la pesca, también se ha detectado su presencia en miel, cerveza y sal marina.

En 2016, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria emitió una Declaración sobre la presencia de microplásticos y nanoplásticos en los alimentos, con especial énfasis en los productos del mar.  En ella se concluyó que la presencia de microplásticos en los productos de la pesca tendría un escaso efecto en la exposición total de los consumidores a los aditivos plásticos y contaminantes, que ya de por sí son objeto de una amplia y estricta legislación en la Unión Europea sobre sus niveles máximos permitidos en los alimentos. Posteriormente, en junio de 2017, se publicó el informe Horizon 2020, destacando como tema prioritario la presencia de estas partículas en los alimentos e instando a investigar sobre su toxicidad y toxicocinética.

Actualmente, existe controversia respecto a la presencia de microplásticos en el agua de bebida, en parte, a la disparidad en los resultados publicados, ya que no existe una estandarización de los métodos analíticos ni rigor en la definición y descripción de los microplásticos que permitan la comparación de resultados. Pero la escasa información disponible parece indicar que el agua potable contaminada por estos materiales no es perjudicial para la salud, al menos a los niveles actuales.

En lo que respecta a la presencia de microplásticos en el aire, hay líneas de investigación abiertas para ver si pudieran llegar al ser humano por inhalación y qué riesgos conllevarían.

En general, el riesgo de la exposición a microplásticos es un área de conocimiento muy reciente, y por lo que vemos muy compleja ya que, como vemos, afecta tanto a la salud ambiental a la salud animal y a la salud humana, poniendo de manifiesto la necesidad de abordaje desde el enfoque One Health.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), por su parte, insta a que los países realicen una evaluación exhaustiva de la presencia de microplásticos en el medio ambiente y de sus efectos en la salud de las personas, a reducir la contaminación por plásticos y a trabajar en la recopilación de más información para llevar a cabo una correcta evaluación de riesgo.

Ojalá sigamos escuchando la palabra microplástico porque significará avances en su conocimiento y en la implementación de soluciones para reducir el impacto medioambiental y sanitario, tanto en salud humana como animal.

 

 

 

Inmaculada Castillo Lozano

Coordinadora del Laboratorio de Proyectos de Colegiados de COFM

 

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