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La vitamina D que el cuerpo necesita durante el confinamiento

El confinamiento ha cambiado nuestro modelo de vida, ya no paseamos por la calle, no vamos al parque a jugar con los niños, ni nos sentamos en una terraza al aire libre. Desde hace más de un mes no disfrutamos de las bondades del sol y esta situación afecta los niveles circulantes de vitamina D y sus metabolitos, factores importantes en el potencial inmunológico que puede alterar nuestra defensa frente a los agentes externos como este nuevo virus.

Conocida como la vitamina de los huesos, la vitamina D se ocupa de fijar el calcio en el organismo, disminuyendo el riesgo de padecer enfermedades óseas como la osteoporosis. Precisamente por eso muchos expertos recomiendan mantener una mínima exposición solar, especialmente en personas mayores y niños. Los primeros porque presentan mayor riesgo de enfermedades óseas y los segundos porque son más vulnerables para desarrollar enfermedades por falta de calcio, como el raquitismo.

A pesar del encierro, necesitamos exponernos al sol, al menos 15 minutos tres veces a la semana. Teniendo en cuenta que una gran mayoría de ciudadanos, solo podremos asomarnos al sol desde la terraza o el balcón, procuraremos hacerlo en las horas centrales del día y descubriendo la mayor superficie dérmica para poder sintetizar más vitamina D.

Aunque la síntesis de la vitamina D requiere de la exposición de nuestra piel al sol, el 20% de nuestras necesidades de vitamina D se pueden conseguir mediante la dieta. Por ello, es conveniente aumentar el consumo de aquellos productos alimenticios vegetales y animales que tengan vitamina D, por ejemplo, los pescados azules (salmón, boquerones, arenques o sardinas), hongos y setas, como los champiñones, marisco, hígado de animales, huevos (yema), aguacate, cereales, así como con alimentos enriquecidos con esta vitamina, como los lácteos.
No obstante, la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) considera que en determinados colectivos con factores de riesgo asociados (como personas mayores, niños y adolescentes en crecimiento, lactantes, mujeres embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas renales, hepáticas, intestinales, óseas o inmunitarias) se deberían suplementar con algún producto o medicamento con vitamina D, por ejemplo, colecalciferol.

Texto:

Charo Tabernero, periodista del departamento de Marketing y Comunicación del COFM

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