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Síntomas menores: registrar, seguir y marcar la diferencia en la farmacia

Creo que todos los farmacéuticos de oficina de farmacia tenemos la experiencia directa durante la pandemia de haber atendido y resuelto miles de consultas de los ciudadanos, evitando así muchos desplazamientos a los centros de salud, en un momento, además, de enorme estrés y presión sanitaria, cuando muchos se encontraban cerrados y existía un riesgo evidente de contagio.

Pero ¿cuántos? ¿Cuáles han sido los síntomas más frecuentes que informaban los pacientes en las farmacias y qué tratamientos sin receta hemos dispensado? ¿Cuáles han sido los resultados?

Lamentablemente, son preguntas sin respuesta cuando se trata de una información de enorme interés sanitario y epidemiológico que necesitamos conocer y registrar para poder integrarla en el conjunto del sistema y medir así la eficacia de nuestra actuación.

Gracias a la colaboración de 128 farmacéuticos de 89 farmacias de la Comunidad de Madrid, disponemos ahora de datos sobre las consultas atendidas en relación con 31 síntomas menores (acidez, congestión nasal, cefalea, dolor de garganta, síndrome catarral, tos o vómitos, entre otras consultas frecuentes de los pacientes), así como la medicación indicada para tratar estas dolencias.

El presidente del COFM acaba de presentar la actuación llevada a cabo por estos profesionales en los últimos seis meses en el 40 Simposio de AEFI y que se pueden consultar en este enlace. Ocho de cada diez pacientes afirmaron que se había producido una mejoría del síntoma menor, gracias a la intervención del farmacéutico y gracias también al remedio indicado. Es solo uno de los resultados que arroja el estudio del servicio de indicación farmacéutica en síntomas menores que el COFM impulsa junto con SEFAC y otros colegios farmacéuticos en España.

No se trata sino de registrar, medir y cuantificar esta intervención para poder potenciar y aprovechar este enorme recurso que dispone la sanidad española.

Hasta que los farmacéuticos no interioricemos la necesidad de registrar y hacer un seguimiento de nuestros actos profesionales, no estaremos en condiciones de valorar tanto los resultados en salud como el ahorro en costes sanitarios para el SNS que supone su intervención.

Es un déficit que arrastra no solo la farmacia, sino la sanidad en su conjunto, pero somos conscientes de que es el camino para desarrollar una colaboración interprofesional más eficaz que apunte siempre en beneficio de los pacientes.

El objetivo final es promover el autocuidado del paciente, poder evaluar el tratamiento que el paciente solicita en la farmacia para ser capaces de darle la terapia más adecuada al problema de salud que tiene y hacer así un uso adecuado de los medicamentos que no requieren prescripción médica.

Si somos capaces de cuantificar esta actuación y convertir estos datos en conocimiento, estoy seguro de que nos sorprenderíamos del alcance sanitario de nuestra red de oficinas de farmacia: el único lugar del Sistema Nacional de Salud siempre abierto donde los ciudadanos pueden entrar y hacer cualquier tipo de consulta a un profesional sanitario perfectamente capacitado, sin necesidad de reservar una cita con antelación.

Nunca está de más recordarlo y defenderlo para valorarlo como se merece.

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