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El síndrome premenstrual, una batalla mensual para el 30 por ciento de las mujeres en edad fértil

Fue una mujer, Katharina Dalton quien descubrió el síndrome premenstrual hace más de 50 años, ofreciendo así una explicación detallada sobre los síntomas que afectan al  30 por ciento de las mujeres de edades comprendidas entre los 20 y 45 años que mensualmente sufren una serie de problemas físicos y psíquicos que suelen aparecer entre 7 y 14 días antes de que aparezca la regla y desaparece al terminar.

Generalmente son trastornos leves y sin mayores consecuencias, pero un 2 por ciento de las mujeres  tienen síntomas físicos y psíquicos tan severos que les impiden mantener su ritmo de vida habitual. Sin embargo, y a pesar de ser un problema generalizado, todavía hoy es un tema infravalorado por los ginecólogos, por lo que el 80 por ciento de las mujeres perjudicadas no buscan ayuda médica para combatir los síntomas premenstruales.

Aunque la intensidad de los síntomas varía de una mujer a otra, durante esos días el cuerpo femenino se convierte en una bomba hormonal. Los niveles de estrógeno y progesterona disminuyen de una forma tan drástica que alteran el equilibrio físico y emocional, produciéndose una sobrecarga que provoca hinchazón abdominal, dolor en los pechos, estreñimiento, dolor de cabeza, molestia al ruido y a las luces, etc.

Una  alternativa para combatir estas molestias es contar con la recomendación del farmacéutico, quien asesorará para utilizar el remedio más indicado. Este es el caso del aceite de onagra que tiene propiedades antiinflamatorias y antioxidantes, lo que contribuye a aliviar los síntomas del síndrome premenstrual.

No existen remedios infalibles y eficaces para prevenirlo, aunque, si se siguen unas medidas sencillas, se puede disminuir la intensidad de los síntomas mediante una dieta equilibrada, rica en vegetales y pobre en grasas saturadas. Además, es conveniente asegurar el aporte de vitamina B6, vitamina E, magnesio, calcio y ácidos grasos esenciales. También es importante disminuir el consumo de sal y azúcar, evitar el consumo de tabaco y alcohol y reducir el de cafeína y otras bebidas estimulantes. Otro aspecto a tener en cuenta es el control  del estrés practicando algún método de relajación, yoga, meditación o ejercicios de respiración.

Estas pautas pueden ser útiles cuando los síntomas son leves, pero si interfieren en la vida diaria, hay que pensar en consultar con el médico para que éste valore la situación y si lo considera necesario prescriba medicación. 

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