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70 millones de razones para mejorar el uso de los protectores gástricos

70 millones de recetas facturadas al año de inhibidores de la bomba de protones (IBP) son una buena razón para poner la lupa en los protectores gástricos y ver cómo se puede mejorar su uso y la adherencia de los pacientes al tratamiento. Es lo que han hecho 143 farmacéuticos españoles al participar en el seguimiento efectivo de 610 pacientes dentro de una prueba piloto que se enmarca en la Red de Investigación en Farmacia Comunitaria que impulsa el Consejo General de Colegios Oficiales Farmacéuticos.

Los resultados del estudio demuestran una vez más el valor de la actuación farmacéutica: el grado de cumplimiento terapéutico se incrementó del 48,4 por ciento en la visita inicial al 78,5 por ciento en la evaluación final. La calidad de vida de los pacientes también mejoró así en casi cinco puntos, tras los tres meses de estudio.

Desde luego que no es ninguna sorpresa probar que la intervención profesional logra mayores tasas de cumplimiento terapéutico, un objetivo que debería ser prioritario en cualquier política farmacéutica. Sí lo es, en cambio, que a las autoridades sanitarias les siga costando reconocer, incentivar y recompensar esta mayor dedicación profesional que a la larga resulta tan valiosa para la salud de los pacientes como del propio SNS.

Los datos avalan lo dicho. Cada paciente incluido en el estudio hizo tres visitas concertadas a la farmacia. Se trataba de una muestra de pacientes donde la mitad eran polimedicados y presentaban tres o más enfermedades. En la primera, cuatro de cada diez incumplían el tratamiento. En la segunda visita, mes y medio después, ya solo era el 24,4 por ciento, mientras que en la última, espaciada tres meses tras iniciar el estudio, los incumplidores solo eran el 13,5 por ciento, según los distintos test de cumplimiento realizados.

¿Qué hizo falta? Nada más y nada menos que atención farmacéutica. El primer paso para mejorar la adherencia a los tratamientos es conocer para qué sirven. No en balde casi el 55 por ciento de los pacientes tenía un conocimiento insuficiente o directamente no conocía la medicación, según el test de conocimiento del tratamiento que se realizó en la farmacia. Un desconocimiento peligroso para la salud, ya que un 30 por ciento de los pacientes presentaba al menos un problema relacionado con los medicamentos por falta de conocimiento del tratamiento con inhibidores de la bomba de protones.

La intervención activa del farmacéutico permitió elevar así en casi 30 puntos el porcentaje de pacientes que disponía de un conocimiento óptimo o suficiente de la medicación. Además de facilitar información personalizada del medicamento, la implicación del profesional consistió en ofrecer educación sanitaria o bien derivar al médico cuando se detectó un problema o un resultado negativo asociado a la medicación, entre otras actuaciones.

Hace tiempo que los farmacéuticos hemos interiorizado que lo que no se puede medir, no se puede mejorar ni tampoco gestionar. Por eso agradecemos desde aquí a todos los compañeros su participación en el estudio que demuestra una vez más que el tiempo invertido por el farmacéutico puede ser auténtico oro para el paciente y para el SNS. Ha llegado el momento de reconocerlo.

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