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Rapamicina, la molécula milagro de Rapa Nui

El emblema de la Isla de Pascua son los moáis, colosales estatuas antropomorfas de piedra volcánica llamadas ‘moai aringa ora’ en lengua rapanui, que significa ‘el rostro vivo de nuestros antepasados’, a los que se les atribuye una energía ‘mana’ protectora del hombre y sus cosechas. Allí, en las bacterias del suelo sobre el que se alzan los moáis, una expedición científica identificó en 1975 una molécula desconocida hasta entonces, la rapamicina, bautizada así por el nombre nativo de la isla: Rapa Nui.

 

La molécula “milagro”

Atendiendo a las referencias de la literatura científica, la rapamicina podría ser considerada como la molécula milagro, que parece dar respuesta a múltiples indicaciones terapéuticas. En un principio surgió como un excelente producto para luchar contra los hongos. Luego fue utilizada para prevenir el rechazo de órganos trasplantados y, más tarde, fue incorporada en cardiología para prevenir la reestenosis (el cierre de una arteria). Actualmente se utiliza también para el tratamiento de algunos tumores, en particular contra el cáncer de riñón y algunos tipos de cáncer de mama. Más recientemente, la investigación ha conseguido alargar la vida de ratones en 10 años. Un descubrimiento que jugará un papel transcendental en nuestra salud y que promete ser un aliado contra el envejecimiento.

Ahora bien, para llegar a este hito de la ciencia hay que remontarse a una expedición que a mediados de los años 60 del siglo pasado buscaba datos sobre los factores hereditarios de los habitantes, las enfermedades más comunes y las características del ecosistema de la isla. Durante el estudio, Georges Nógrády, uno de los bacteriólogos del experimento, vio con curiosidad cómo los isleños, pese a tener los pies deteriorados por andar descalzos, no contraían la enfermedad del tétano, lo que resultaba raro teniendo en cuenta que en la isla abundaban los animales.

Tras revisar las primeras muestras del terreno, Nóvgrády descubrió que el secreto estaba en los microorganismos del suelo, los cuales tenían propiedades antibióticas y decidió enviar las muestras a Montreal para que fueran estudiadas en profundidad y describir qué sustancias y procesos estaban involucrados.

Una de las muestras de suelo recolectadas llegó a manos del Dr. Surendra Nath Sehgal, un microbiólogo de la farmacéutica Ayerst, quien encontró un microbio, conocido como Streptomyces hydroscopicus, que secretaba un compuesto químico capaz de matar hongos. Tras años de investigación, Sehgal consiguió identificar el producto natural responsable de la actividad biológica. Se trataba de un compuesto de la familia de los macrólidos al que bautizó como rapamicina.

Sehgal también observó que la bacteria tenía propiedades novedosas: podía impedir que las células se multiplicaran, lo cual podía ser importante en la lucha contra el cáncer. Pero, la compañía Ayerst no vio negocio en el desarrollo del fármaco y decidió suspender las investigaciones, ante lo cual el científico siguió trabajando de manera individual hasta que planteó al laboratorio la utilización de la rapamicina como inmunosupresor para paliar los problemas de los rechazos en los trasplantes de órganos.

Tras varios estudios, en 1999 el Comité Asesor de la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos) hizo una recomendación unánime para la aprobación del Rapamune, el inmunosupresor que ha reportado ganancias multimillonarias a Wyeth-Ayerst y, desde 2009, a Pfizer.

 

Charo Tabernero, periodista del COFM

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