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¿Qué relación tiene la patata con la farmacia?

Antonio Augustín Parmentier fue un brillante farmacéutico, químico, agrónomo, naturalista e higienista francés, pero sobre todo pasó a la historia por popularizar la patata como alimento nutritivo, luchando contra los tabús de la época y utilizando grandes dosis de ingenio y sabiduría.

El primer contacto de este farmacéutico con la patata fue durante la Guerra de los Siete Años, cuando fue capturado por los prusianos y se alimentó durante su cautiverio exclusivamente con este  tubérculo. Una vez liberado y de regreso a Francia, se dedicó a difundir las bondades de la planta y realizó un exhaustivo trabajo ensalzando las cualidades del tubérculo que por aquel entonces no se cultivaba porque se creía que era indigesto y perjudicial para la salud; es más se le acusaba de causar la lepra. Por aquel entonces, sólo servía para adornar los jardines de la nobleza. Ese mismo año, la Facultad de Medicina de París autorizó el tubérculo, aunque mantuvo el recelo inicial y no sería hasta 1785, tras largos años de hambruna, cuando Parmentier  logró el permiso para cultivar, permiso que rentabilizó usando el ingenio. Para divulgar el consumo y llamar la atención del pueblo hizo custodiar la plantación con guardias durante el día, de manera que por la noche la gente aprovechaba para robar el “apreciado tesoro”. Esta iniciativa podría ser considerada como una de las mejores campañas publicitarias de la historia.

Su esfuerzo por popularizar la patata despertó el interés de Luis XVI, quien preocupado por los disturbios del pueblo famélico se animó a introducir el consumo en la corte y, adornado con las flores de la plantación, organizó una gran fiesta en la que la patata estuvo presente en todos y cada uno de los platos que se sirvieron en palacio. El ejemplo empezó a cundir en las mesas de la aristocracia y otras veces era el propio Parmentier quien organizaba los banquetes para agasajar a personajes tan importantes como Benjamín Franklin.

La caída de Luis XVI supuso el momentáneo ostracismo para Antonio Parmentier, que no tardó en ser reconocido por las nuevas autoridades. Fue nombrado inspector de Salud Pública y creó la Escuela de Pastelería de París. Durante este periodo escribió numerosos trabajos sobre productos como el maíz, las castañas, los vinos, los jarabes o las conservas, así como sobre higiene alimentaria o cómo extraer azúcar de la remolacha.

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