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Prosopagnosia, el extraño fenómeno de ‘ceguera facial’

No reconocer los rostros de familiares y amigos e incluso el de uno mismo es el reto al que se enfrentan quienes padecen prosopagnosia o ‘ceguera de rostros’, un extraño trastorno que impide recordar las caras conocidas porque el cerebro no es capaz de interpretar la información que recibe a través de la vista.

La prosopagnosia es en realidad una especie de desconexión entre la vista y el cerebro. Los ojos funcionan correctamente y son capaces de ver las distintas partes que componen un rostro –boca, nariz, ojos, cabello– pero el cerebro no puede interpretar dichos rasgos asociados entre sí, por lo que los afectados son incapaces de identificar las caras de las demás personas e incluso, en los casos más graves, la de ellos mismos frente a un espejo o en una foto.

La prosopagnosia fue clasificada como trastorno médico en 1990 y todavía se investiga su origen, que se relaciona con daños o deterioro en la circunvolución fusiforme derecha, un pliegue en el cerebro que aparece para coordinar los sistemas neurales que controlan la percepción facial y la memoria. También se apuntan otras causas derivadas de un accidente vascular cerebral, un traumatismo cerebral o ciertas enfermedades neurodegenerativas. En algunos casos se trata de un trastorno congénito hereditario que suele afectar a niños con autismo y síndrome de Asperger.

Se estima que el 2 por ciento de la población sufre este problema, pero el porcentaje puede aumentar considerablemente. El mecanismo más habitual para diagnosticar esta alteración es la prueba de Reconocimiento Facial de Benton que consiste en el emparejamiento de caras en diferentes posiciones y condiciones de iluminación.

En la actualidad, no existe un tratamiento, aunque se llevan a cabo diferentes terapias enfocadas al reconocimiento, por ejemplo, a través de estrategias auditivas como la voz o características únicas como una cicatriz o la barba.

El actor Brad Pitt está afectado de esta dolencia. En una entrevista concedida a la revista Esquire, afirmó que tenía dificultad para reconocer los rostros de las personas que conocía, lo que le ocasionaba no pocos disgustos, ya que éstas tomaban su comportamiento como una ofensa y le tachaban de vanidoso.

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