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Pautas para reducir los percances de los más pequeños durante el verano

Mil ojos son pocos para evitar cualquier contratiempo con los niños durante el verano. Una caída de la bici, un tropiezo en la piscina o la picadura de un insecto, son pequeños percances que pueden arruinar las vacaciones.

Para evitar sustos innecesarios y disfrutar del verano no hay que olvidar que los más pequeños no tienen melanina suficiente para protegerse del sol, por eso es importante mantener protegidos bajo una sombrilla a los bebés de menos de 6 meses. A partir de esa edad se les puede dar un baño pero utilizando filtros eficaces que preservar la piel de los rayos ultravioleta, bien utilizando camisetas, gorra, gafas o ropa especial, y cremas solares resistentes al agua, que se debe extender media hora antes de la exposición solar y renovar cada 2 o 3 horas. Y sobre todo, procurar que el niño no esté en la playa o piscina a las horas centrales del día.

Hay que vigilar en todo momento a los niños y no dejarlos solos cuando estén en el agua o cerca de ella. Según los datos de la Organización Mundial de la Salud, cada año entre 70 y 150 personas mueren ahogadas en piscinas, playas, ríos y embalses de España, y la mayoría de ellas son niños, por lo cual hay que controlar de cerca las actividades de los más pequeños y evitar las divertidas zambullidas en lugares desconocidos, pues corren el riesgo de golpearse gravemente la cabeza. Dentro del agua, hay que reparar en nuevos percances provocados por las picaduras de medusas; en estos casos es necesario limpiar la zona afectada retirando los restos de tentáculos que puedan quedar adheridos a la piel y lavar con agua salada, nunca con agua dulce. Posteriormente se puede aplicar frío y una crema específica para este tipo de picaduras.

Otro aspecto al que hay que prestar especial atención es el relacionado con los trastornos intestinales, extremando las precauciones con la conservación y manipulación de los alimentos. Durante este periodo también hay que cuidar de la hidratación de los niños, quienes deben mantener una adecuada ingesta de líquidos, sobre todo agua y zumos naturales y no abusar de bebidas azucaradas con gas que favorecen la obesidad.

Las heridas son también protagonistas en verano. Los pequeños cortes en pies y manos por conchas, piedras y rocas en la playa son habituales. Ante este contratiempo hay que limpiar el corte con abundante agua para que no se infecte, aplicar un antiséptico iodado y colocar una compresa encima.

También durante el verano se concentra el mayor número de desplazamientos y muchos de ellos se realizan en coche, por eso hay que utilizar el sistema de retención adecuado a la edad y talla del niño. Además, los niños a veces son propensos a marearse durante el trayecto, para lo cual se les darán comprimidos o chicles apropiados para el consumo infantil.

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