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Pacientes con artritis reumatoide, ¿nos ayudas a que nos vean?

El 12 de octubre de cada año, desde 1966, se celebra el Día de la Artritis Reumatoide para darle visibilidad, ya que se trata de una enfermedad grave pero bastante desconocida y frecuentemente se confunde con otras enfermedades reumáticas. También se pretende concienciar a la población de la importancia de un diagnóstico precoz, ya que un correcto tratamiento puede disminuir la progresión y la gravedad de la enfermedad y, por tanto, mejorar la calidad de vida.

La artritis reumatoide es una enfermedad inflamatoria crónica de carácter autoinmune, que afecta principalmente a las articulaciones y tejidos circundantes (tendones y músculos) pero también puede dañar otros órganos, como la piel, el corazón, el riñón, los ojos o el pulmón. Es mucho más frecuente en mujeres que en hombres y suele aparecer en adultos mayores, aunque puede iniciarse a cualquier edad.

Según un estudio de la Sociedad Española de Reumatología existen en España cerca de 400.000 personas con artritis reumatoide y se diagnostican unos 20.000 nuevos casos cada año. A nivel mundial se sabe que afecta aproximadamente al 1% de la población.

Según los datos de la Encuesta Nacional AR2020, para el 29,2% de estos pacientes la enfermedad tiene un fuerte impacto en su vida laboral o académica por el absentismo, las bajas, la complicación de horarios, las visitas al médico o el dolor.

En redes sociales, se ha iniciado la campaña #VenDeVerdeAR con el objetivo de teñir de verde estas herramientas de comunicación y así rendir homenaje al colectivo. También se está difundiendo el vídeo de concienciación “Octubre es nuestro mes, ¿nos ayudas a que nos vean?” con la finalidad de darle visibilidad a esta y otras enfermedades reumáticas y evidenciar que afectan a personas de cualquier edad y sexo.

Toda la campaña se podrá seguir en redes sociales con el hashtag #OctAR21, así como en la web oficial de la campaña www.octubreconartritis.org.

La artritis reumatoide es un trastorno autoinmune que se produce cuando el sistema inmunitario ataca por error el tejido sano que reviste las articulaciones (tejido sinovial) y también al tejido conjuntivo de otros órganos.

No se conocen las causas de la artritis reumatoide en profundidad, pero existen factores genéticos y no genéticos que intervienen en su origen y gravedad.

Se ha comprobado que los factores genéticos aumentan en un 30% el riesgo de que se produzca la enfermedad. Los antecedentes familiares constituyen un factor de riesgo importante, aunque la predisposición genética no siempre determina el desarrollo de la enfermedad.

Los factores no genéticos comprenden infecciones bacterianas y víricas, el estrés, el tabaquismo y la obesidad. Estos factores podrían desencadenar la enfermedad o agravarla, pero también existe un factor no genético que tiene función protectora: las hormonas sexuales femeninas, en concreto los estrógenos, ya que el riesgo de desarrollar la enfermedad es mayor en caso de disminución de sus niveles, como ocurre en la menopausia y, por el contrario, el consumo de anticonceptivos o el parto disminuyen ese riesgo.

Los signos y los síntomas de la artritis reumatoide pueden variar en intensidad e incluso aparecer y desaparecer. Los períodos de mayor intensidad de la enfermedad se denominan brotes y se alternan con períodos de remisión relativa, en los que la inflamación y el dolor se atenúan o incluso desaparecen. Con el paso del tiempo, la artritis reumatoide puede provocar que las articulaciones se deformen.

El inicio de la enfermedad puede ser muy variable, pero en la mayoría de los casos, los primeros síntomas son de tipo inflamatorio, como la rigidez matutina (de más de 60 minutos de duración), el dolor y la tumefacción, y pueden ir precedidos de manifestaciones inespecíficas como cansancio (especialmente las primeras horas de la tarde), malestar general, febrícula y falta de apetito. Además, en esta fase inicial las articulaciones más frecuentemente afectadas suelen ser las pequeñas, manos y pies, y se afectan simétricamente a ambos lados del cuerpo.

Otras articulaciones que también pueden afectarse son las de las rodillas, los tobillos, los hombros, los codos, el cuello, la mandíbula y las caderas. Y solo de forma excepcional pueden verse afectadas las zonas dorsal, lumbar y sacra de la columna vertebral.

La inflamación asociada a la artritis reumatoide afecta el revestimiento (tejido sinovial) de las articulaciones y puede producir erosión ósea, deformidad en la articulación, pérdida de movilidad e incluso una discapacidad física, en casos graves.

Además, la inflamación también puede dañar otras partes del cuerpo, como los vasos sanguíneos, los ojos, el corazón o los pulmones, dando lugar a manifestaciones extraarticulares (como vasculitis, pericarditis o pleuritis) que suelen aparecer cuando la enfermedad ya está bien establecida.

Hasta un 30% de los pacientes presentan bultos duros bajo la piel, denominados nódulos reumatoideos, normalmente en áreas óseas expuestas a presión (como la zona próxima al codo).

El diagnóstico se basa principalmente en los síntomas, aunque también en el análisis de sangre, en radiografías y en el análisis del líquido sinovial.

El análisis de sangre se realiza para determinar la concentración de anticuerpos específicos (como el factor reumatoide y los anticuerpos anti-PCC -anticuerpos antipéptidos cíclicos citrulinados-), la proteína C-reactiva y la velocidad de sedimentación (VSG). Por lo general, cuanto más alto es el nivel sanguíneo de factor reumatoide más grave es la enfermedad y peor pronóstico tiene. Y los niveles elevados de proteína C-reactiva pueden significar que la enfermedad está activa. Por otro lado, se ha observado que la mayoría de las personas con artritis reumatoide presentan una anemia leve.

También se realizan frecuentemente radiografías de las manos, las muñecas y las articulaciones afectadas.

La artritis reumatoide es la principal enfermedad musculoesquelética capaz de producir un grado importante de incapacidad funcional. Si no se instaura un tratamiento, a los 10 años del inicio un 50% de los pacientes no está en condiciones de trabajar a tiempo completo. Y en las fases más avanzadas de la enfermedad, si no se trata debidamente, alrededor de un 10% tiene dificultades para llevar a cabo actividades cotidianas como lavarse, vestirse o comer.

Un reciente estudio del Centro de Medicina Individualizada de Mayo Clinic ha demostrado que los datos aportados por el estudio del microbioma intestinal (bacterias, virus y hongos que habitan en el tracto gastrointestinal) pueden servir para predecir el pronóstico futuro de la evolución de la artritis reumatoide de un paciente.

El tratamiento disponible en la actualidad no permite curar la enfermedad, pero sí ayuda a disminuir la intensidad de los síntomas, reducir o incluso detener la actividad inflamatoria y prevenir las secuelas de las fases avanzadas.

El tratamiento consiste en la combinación de una terapia farmacológica y otra no farmacológica. De forma complementaria, a veces se recurre a la cirugía, por ejemplo, para reconstruir un tejido afectado o para reemplazar una articulación muy dañada por una prótesis.

La terapia farmacológica incluye medicamentos para aliviar los síntomas (dolor e inflamación), como los AINE o los corticoides, y medicamentos modificadores de la enfermedad, como el metotrexato y la leflunomida.

La terapia no farmacológica puede incluir técnicas de fisioterapia, uso de férulas de reposo y cambios en el estilo de vida para adaptarse a las capacidades del paciente, aliviar y/o saber convivir con el dolor, mejorar la flexibilidad de las articulaciones o sentirse con más energía y optimismo.

 

Enlaces de interés:

Coordinadora Nacional de Artritis (Conartritis) http://www.conartritis.org/

Asociación Madrileña de Personas con Artritis Reumatoide (AMPAR) http://www.amapar.org/

Fundación Española de Reumatología http://www.inforeuma.com

I Congreso de Personas con Artritis y Espondiloartritis

https://octubreconartritis.org/

 

 

Carmen Orozco González

Farmacéutica del Servicio de Información Técnica del COFM

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