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Obsesionadas con el peso

La anorexia y la bulimia ya no son unas enfermedades desconocidas entre los ciudadanos como hace tan solo unas décadas. Pero pese a ello, estos trastornos alimentarios siguen teniendo una importante incidencia en determinados grupos de población, sobre todo entre las adolescentes. Los expertos médicos ven detrás de la pervivencia de estas patologías los rígidos cánones de belleza actuales, marcados por una industria de la moda que exhibe sus creaciones en modelos extremadamente delgadas e impone unos estándares en el tallaje que no se corresponden con el de la mayoría de la población.

A nadie se le escapa que el cuerpo delgado de las modelos es admirado por buena parte de las adolescentes, que en un intento por parecerse a ellas comienzan a hacer dietas y a obsesionarse con su peso. La perfección corporal se ha convertido así en el medio para obtener el reconocimiento social y el éxito personal.

Lo cierto es que la prevalencia de estos dos trastornos de la conducta alimentaria (TCA) sigue aumentando considerablemente en España en los últimos años, especialmente entre las mujeres. La edad de inicio de la anorexia nerviosa se sitúa frecuentemente entre los 13 y los 18 años, no obstante cada vez se están encontrando más casos, según expertos,  tanto en niñas de entre 11 y 12 años como en mujeres adultas.

En el caso de la bulimia el inicio suele darse algo más tarde, entre los 18 y 25 años, aunque se está adelantando la edad de aparición y la enfermedad se manifiesta con más frecuencia entre los 24 y los 40, ya que, al no ser el deterioro físico tan severo como en la anorexia, el cuadro clínico pasa desapercibido durante años.

La magnitud del problema es evidente, pues está afectando, en mayor o menor medida, al menos a una de cada diez chicas adolescentes.  Ambos trastornos se caracterizan porque el paciente busca perder peso de manera obsesiva. Se trata de patologías producidas por la percepción subjetiva de las afectadas, que solo se sienten satisfechas con su físico cuando están cada vez más delgadas.

Uno de los primeros indicios de la anorexia es la excesiva preocupación por el peso corporal y la consiguiente restricción de la ingesta de alimentos. Sin embargo, la bulimia es más difícil de detectar que la anorexia, ya que a pesar de que existe también una excesiva preocupación por el peso corporal, los atracones y purgas que caracterizan a la enfermedad suelen ser ocultados por los pacientes y su aspecto físico aparentemente es normal.

Se trata de unos trastornos alimentarios que, según diversos estudios, afectan en España a entre el 1 y el 4 por ciento de los jóvenes españoles, siendo más prevalentes entre las mujeres porque la presión social y los iconos de belleza recaen de una manera “más agresiva” sobre ellas.

Uno de los principales problemas de estas patologías es que suelen tardar entre 6 meses y un año en ser detectadas.  Estos trastornos de la conducta alimentaria requieren tratamiento médico especializado, aunque el papel del farmacéutico puede ser importante en su prevención y detección.

Es habitual que los pacientes se nieguen a reconocer su enfermedad e incluso la ocultan. El diagnóstico precoz es muy importante, ya que mejora en gran medida el pronóstico. La detección de estos trastornos puede ser más fácil en la farmacia, puesto que muchos de estos pacientes acuden a ella en busca de medicamentos que les ayuden a reducir su peso de manera drástica. En algunas ocasiones suelen adquirir laxantes y diuréticos que son además, en muchos casos, medicamentos de dispensación sin receta.

Como prevención, el farmacéutico puede colaborar suministrando información adecuada sobre los riesgos del consumo de laxantes y diuréticos cuando se dispense algunos de estos medicamentos. Además de informar sobre el uso adecuado de los productos bajos en calorías a quienes los soliciten en la farmacia y facilitando también tablas correctas sobre el peso ideal a quienes acudan a pesarse.

El abuso de diuréticos, laxantes y fármacos para adelgazar y el pesarse con mucha frecuencia son señales de alarma. Por ello, los farmacéuticos son un colectivo clave porque es un agente sanitario cercano al paciente que  puede orientar y ayudar a muchas personas afectadas por estos trastornos, así como a sus familiares. Como buen profesional, derivaría de inmediato al paciente a acudir al médico especialista, psicólogo-psiquiatra, para que sea tratado correctamente.

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