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No estás solo, tu farmacéutico está contigo

La Jornada Mundial del Enfermo la instauró Juan Pablo II en el año 1992 el día 11 de febrero coincidiendo con la memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes.

Este día se celebra para visibilizar la situación que sufren los enfermos y también el trabajo de todas las personas que se entregan en el cuidado de los enfermos, desde sus familiares, voluntarios, hasta los profesionales de la salud.

Últimamente se está hablando de humanizar la salud. Este concepto hace referencia al abordaje integral de la persona, dando la misma importancia a las necesidades sociales, emocionales y psicológicas que a las físicas. Todo ello para promover y proteger la salud, curar la enfermedad y garantizar un ambiente que favorezca una vida sana a nivel físico, emocional, social y espiritual.

Los farmacéuticos, en todos nuestros ámbitos de trabajo, estamos en contacto directo con los pacientes. Nosotros ejercemos una labor esencial en la promoción de su salud y control y seguimiento de la medicación. Pero también es importante esa labor no visible que se dedica sin límite de tiempo, que es el acompañamiento al enfermo en su enfermedad.

Este año el lema de la Jornada Mundial del Enfermo es “Acompañar en la soledad”. Según el Instituto Nacional de Estadística, se estima que en España hay 4,7 millones de hogares unipersonales. Dos millones de personas mayores de 65 años viven solas. Más de 850.000 mayores de 80 años viven solos y muchos presentan problemas de movilidad. Estas cifras son un dato preocupante, pero si además le sumamos, entre otras formas de soledad, la de quienes están ingresados en los hospitales o la de las familias con miembros con una enfermedad mental grave, por ejemplo, descubrimos la importancia de reflexionar para buscar el modo de aliviar tanta soledad.

La accesibilidad del farmacéutico hace que, además, seamos un punto clave para atender no solo las necesidades de los pacientes sino también de las personas que les cuidan. Los cuidadores están involucrados directamente en la atención preventiva, asistencial y educativa del paciente, lo que nos debe llevar a centrarnos también en ellos.

El cuidado del enfermo es duro, por eso es tan importante que el cuidador reciba asesoramiento y unas pautas de autoayuda. De esta manera su labor será más gratificante. No está solo, cuenta con la ayuda de su farmacéutico, que puede:

-Mostrar las pautas a seguir y cuidados de la propia enfermedad, así como la actitud ante dicha enfermedad. Si comprendemos cómo va a afectar física y mentalmente la enfermedad al enfermo, podremos actuar de manera consecuente y eficaz. También es importante saber en qué fase se encuentra la enfermedad.

-Buscar todas las ayudas que el enfermo necesite para adaptar el hogar a sus necesidades. Eso va a beneficiar tanto al enfermo como al cuidador.

-Apoyar al enfermo que ha visto mermadas sus capacidades. Para ello, mostrar empatía y respeto, ayudando a la adaptación de sus nuevas condiciones de manera natural. Es importante respetar su autonomía y apoyar sus decisiones en la medida de lo posible.

-No olvidar nunca que el cuidador debe empezar por cuidarse a sí mismo. La salud física, emocional y mental de un cuidador es vital para el bienestar de la persona enferma. Si siente agotamiento, irritabilidad, falta de paciencia, insomnio, aislamiento o no disfruta de actividades lúdicas, solicite ayuda. No hay que asumir toda la responsabilidad. Debemos conocer y aceptar nuestras limitaciones. Compartir sus preocupaciones puede ayudarle.

 

Texto:

Inmaculada Castillo Lozano, farmacéutica del servicio técnico-profesional del COFM

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