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MEDICAMENTOS OPIOIDES

Desde hace miles de años el opio ha sido utilizado por diferentes civilizaciones debido a sus propiedades medicinales. Sus principales características son las de paliar el dolor, la tos, sedar o tranquilizar, y su acción de frenar las diarreas.

Hace más de 5.000 años el opio ya se usaba en la antigua Mesopotamia y en los escritos de Hipócrates, padre de la medicina, se cita su importancia como narcótico y su poder analgésico. Pero es en 1676 cuando el médico inglés Sydenham elabora el primer preparado a base de opio que se utilizó para aliviar dolores.

En el siglo XIX un farmacéutico alemán, Sertürner, logra extraer la morfina del opio y se generaliza su uso como medicamento, incluso de forma indiscriminada. Esto provocó que aparecieran los principales efectos no deseados, que son el de producir adicción, dependencia y síndrome de abstinencia, hasta se llegaron a producir muertes por sobredosis.

En 1898, Bayer descubre el primer derivado sintético de la morfina, la heroína, que se lanza al mercado por su capacidad antitusiva para combatir la tos en los casos de tuberculosis y neumonía, tan frecuentes en la época. Debido a su rápida asimilación y a un uso sin control, generó muchos problemas de adicción. Su capacidad de producir sedación y sensaciones placenteras a dosis altas hizo que en el siglo XX se convirtiera en la principal droga de abuso, causando estragos en la población joven durante los años 70.
¿CÓMO ACTÚA EL OPIO?

Las sustancias extraídas y derivadas del opio actúan en nuestro cuerpo sobre unos receptores produciendo las acciones terapéuticas: analgésico, antitusivo y sedante moderado. También tienen la capacidad de generar otros efectos menos deseados, como son la acción euforizante, producir alucinaciones, sensaciones de tristeza o depresión, mareos y somnolencia. Es muy común el estreñimiento, la dificultad respiratoria o los trastornos en la visión. Pero, el principal riesgo es producir adicción en el paciente. Sus efectos dependen del tipo de compuesto y de la cantidad y forma de administración.
MEDICAMENTOS ACTUALES EN LOS QUE SE USA EL OPIO

En la actualidad, los derivados del opio, o medicamentos opioides, siguen teniendo una importancia terapéutica fundamental. El conocimiento científico de los efectos de todas estas sustancias ha servido para que se utilicen solo unos grupos de estos compuestos con un control mucho más exhaustivo y seguro para los pacientes. Se sigue utilizando la morfina para el tratamiento de dolores muy intensos, como los producidos en operaciones de cirugía, traumatismos fuertes o infartos u otros procesos cardiacos y, en general, los tratamientos son de muy corta duración, con mucho control, hasta que se puedan sustituir por otros analgésicos. La morfina se usa también para dolores intensos en las fases terminales de cánceres.

Para dolores intensos o moderados continuos, como los de origen canceroso o de articulaciones (rodilla, hombro, cadera), pero que requieren un uso a largo plazo y más moderado, se usan comprimidos orales de tapentadol, buprenorfina, oxicodona o hidromorfona, llamados de liberación prolongada, ya que garantizan un efecto continuo y más controlado. Todos estos medicamentos son derivados sintéticos desarrollados químicamente, para conseguir un buen efecto curativo y una menor capacidad de adicción. También para estas situaciones se utilizan parches de fentanilo, que se adhieren e, igualmente, producen un efecto de analgesia
constante.

El tramadol es otro derivado que se consiguió por síntesis química y que se utiliza en dolores crónicos o continuos de intensidad leve a moderada, especialmente de tipo articular. Se utiliza solo o combinado con paracetamol. La combinación con paracetamol es muy común, ya que este potencia el efecto del tramadol, calmando el dolor con una dosis mucho menor de tramadol, con las ventajas que ello implica. Puede producir dependencia, aunque en menor medida que los otros compuestos, por ello es fundamental su toma adecuada y su control regular por el médico prescriptor.

A largo de los siglos, el opio, un producto de origen vegetal, ha demostrado unas propiedades curativas y, por ello, su uso ha llegado hasta nuestros días. Fruto del conocimiento, se ha conseguido manejarlo de forma eficaz y segura para los enfermos que lo necesitan.

 

Texto:

Óscar López, vocal de Oficina de Farmacia del COFM.

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