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Luis Enrique y los resultados de la Farmacia

Preguntaban al seleccionador nacional de fútbol al término del partido contra Inglaterra por la actuación del guardameta David De Gea y, fiel a su estilo, Luis Enrique zanjaba diciendo: “los debates están muy bien, pero los profesionales, de debates hablamos poco. Hablamos de resultado, estadística, rendimiento, y en eso De Gea es un número uno mundial, no español, mundial”, recalcó el asturiano en declaraciones a TVE.

Lo mismo se podría decir con estadísticas de accesibilidad e indicadores de salud y económicos sobre la farmacia española y del trabajo que realizan los farmacéuticos al servicio de los ciudadanos a través de la red de 22.000 oficinas abiertas en España. No hay debate sobre su papel y alcance, ni sobre competencias o intrusismo profesional, a cuenta del proyecto de Ley de Farmacia de la Comunidad de Madrid aprobado por el Consejo de Gobierno, por más que insistan los representantes sindicales de enfermeras y médicos en Madrid.

Existe una realidad social y sanitaria y existe una demanda de un colectivo de pacientes y personas dependientes que es la que, precisamente, pretende atender el texto impulsado por la Consejería de Sanidad, en colaboración con el COFM, potenciando la labor asistencial del farmacéutico como agente de salud allí donde es experto y competente, en el uso racional del medicamento.

Los farmacéuticos hemos demostrado resultados de salud de nuestra actuación en el seguimiento de los tratamientos farmacológicos y en la adherencia a los tratamientos. Los datos de las distintas investigaciones llevadas a cabo revelan que la intervención del farmacéutico en el seguimiento de la medicación a pacientes mayores, crónicos polimedicados permite reducir notablemente los problemas de salud no controlados, el número de pacientes que acudieron a urgencias y los que fueron hospitalizados, además de incrementar la calidad de vida.

Por lo tanto, es una realidad contrastada y es el motivo por el que las autoridades sanitarias de la región han visto una magnífica oportunidad en el proyecto de Ley para impulsar esta intervención farmacéutica y mejorar los indicadores de salud de la región.

Marcar líneas rojas sobre qué puede hacer o no puede hacer un farmacéutico en relación con el uso racional del medicamento es un esfuerzo además estéril que únicamente se puede hacer desde el desconocimiento. Solo hay que repasar la actual Ley 16/1997, de 25 de abril, de Regulación de Servicios de las Oficinas de Farmacia para despejar cualquier duda competencial al respecto.

Alimentar este falto debate no beneficia a nadie. Ante la falta de respuestas, los ciudadanos quieren soluciones que respondan a sus problemas de una forma profesional, cercana y cómoda para ellos. Si además revierten en el Sistema Nacional de Salud en forma de ahorros para atender otras necesidades, ¿con qué intereses se promueven campañas que buscan enfrentamientos profesionales donde solo hay colaboración en beneficio de los pacientes?

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