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Llega la primavera, llegan las orugas

La procesionaria del pino (Thaumetopea pitycampa) es un insecto lepidóptero de la familia Thaumetopoeidae. Se trata de una mariposa nocturna típica del mediterráneo, que hace la puesta en los pinos (también en cedros y abetos) y, tras pasar por cinco estadios larvarios, forma las características hileras o filas (“procesiones”) de orugas durante su desplazamiento por el suelo.

Es un insecto que, en su fase de adulta (mariposa), deposita sus huevos en las acículas del pino (julio – agosto), muriendo a las pocas horas, ya que no se alimentan. A los 30-40 días (septiembre-octubre) los huevos eclosionan y las jóvenes larvas (orugas) van a permanecer sobre el árbol protegidas por una especie de bolsa muy característica (bolsones) alimentándose de las hojas. En el interior de los bolsones, las orugas permanecen desde su nacimiento hasta el momento en que, ya maduras, descienden de los árboles (marzo-junio) en fila por el tronco para buscar un sitio cálido en el suelo, donde enterrarse y pasar la fase de crisálida. Pasado un tiempo (julio) saldrán las nuevas mariposas adultas para reproducirse e iniciar un nuevo ciclo biológico.

Las orugas tienen a lo largo de su cuerpo cerca de 500.000 pelos “especiales” parecidos a pequeñas flechas, de muy pequeño tamaño, que utilizan como defensa frente a los depredadores. Además, estos pelos contienen toxinas termolábiles, como la Thaumatopina, que confieren a los pelos de la oruga una capacidad urticante. Desarrollan estos pelos aproximadamente a los 30 días de su nacimiento. Los pelos se pueden desprender fácilmente y ser transportados por las corrientes de aire y viento, lo que implica mayor riesgo de urticaria en personas y mascotas, no solo por contacto directo sino por vía aérea. La fase más urticante coincide con su descenso al suelo y, especialmente, a medio día en los días de buen tiempo. Como norma general, desde el mes de febrero y hasta principios de mayo, según las condiciones meteorológicas de cada temporada, las orugas están en la fase más urticante.

El contacto con los pelos de la oruga puede producir distintas afecciones. La más frecuente es la cutánea: la dermatitis papulosa, una erupción muy pruriginosa, con granitos rojos y lesiones por rascado en las zonas afectas, y la urticaria de contacto, que cursa con ronchas que desaparecen al cabo de minutos u horas, también con mucho picor. Pero, además, pueden provocar irritación en ojos (edema en párpados, enrojecimiento de la conjuntiva, fotofobia, picor y lagrimeo), oídos, nariz (picor intenso) y garganta (tos, dolor de garganta) e, incluso, dificultad respiratoria y anafilaxia.

En caso de contacto y manifestar alguno de los síntomas, es recomendable lavar con agua fría sin frotar la zona afectada, para retirar los pelos de la oruga que hayan quedado sobre nuestra piel, y aplicar frío local, así como usar cremas hidratantes calmantes con aloe vera. No hay que rascarse ni frotar dicha zona, ya que lo único que conseguiremos será aumentar la sintomatología al clavar más y rozar los pelos de la oruga en nuestra piel o mucosas. Además, el rascado intenso puede producir heridas que podrían infectarse. En casos más persistentes, será necesario un tratamiento sintomático con cremas de corticoides, antihistamínicos orales y analgésicos, en caso de tener dolor. Si las reacciones son más graves o empeoran, requerirán acudir al médico.

En la infografía adjunta, te proponemos algunos consejos para prevenir el contacto con los nidos, las orugas o pelos procedentes de las mismas.

 

Rebeca González Ginés.  Farmacéutica Servicio Técnico COFM

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