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¿Fumar shisha o cachimba es más sano que el tabaco?

Nacieron en Oriente hace siglos, pero durante las últimas décadas se ha popularizado en Occidente, especialmente entre los jóvenes, sobre todo porque se fuma en grupo y en gran medida por la falsa creencia de que su consumo es inocuo para la salud. Son fáciles de identificar por su estructura alargada, con una base de vidrio esférica y una larga boquilla flexible. Son las popularmente conocidas como pipas de agua o shisha, aunque su nombre apropiado es el de narguile.

Pero nada más lejos de la realidad. La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) ha advertido que las shisha son tan nocivas como fumar cigarrillos, ya que pueden causar cáncer, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) e infecciones, y son un riesgo para la salud de los fumadores tanto adictivos como pasivos.

La SEPAR afirma que una sesión típica con este método de fumar equivale a inhalar 200 veces el humo de un cigarrillo y este humo presenta los mismos niveles altos de monóxido de carbono (CO), metales pesados y cancerígenos que el de un cigarrillo. Además, se ha comprobado que otras fuentes de calor, como la madera o el carbón, contienen sus propios tóxicos y compartir la boquilla entraña riesgo de infecciones al no estar provistas de ningún sistema que las haga más seguras.

Por ello, insiste en que fumar en pipas de agua es tan nocivo como los cigarrillos y considera que deben estar sujetas a una regulación similar a los productos del tabaco.

En el último Eurobarómetro sobre actitudes de los europeos frente al tabaco y los cigarrillos electrónicos señala que un 13% de los fumadores europeos utilizan las pipas de agua y en España representan a un 2% de los consumidores de tabaco. Es una moda en auge entre los adolescentes, de tal forma que el 28% de los jóvenes de entre 15 y 24 años europeos las han usado en alguna ocasión.

Una de las principales razones por la que muchos fumadores de cachimba optan por esta opción es porque piensan que es menos dañino que el tabaco e incluso creen que es una alternativa mejor a los cigarros. Bajo la percepción errónea de que el agua filtra el tabaco, diversos estudios han demostrado que el consumo de la cachimba es más perjudicial que el cigarro porque no filtra eficazmente las sustancias dañinas que contiene.

Otro riesgo añadido es el de compartir la boquilla del narguile entre un grupo de amigos, pues puede originar infecciones, ya que pese a que se suelen lavar entre unas sesiones y otras, no es habitual hacer lo mismo con el tubo y eso puede acarrear un peligro para nuestra salud.

El desconocimiento sobre la composición de la mezcla de tabaco que se usa para fumar en la shisha es otro de los grandes riesgos para los fumadores. La mayoría de los consumidores no están informados adecuadamente sobre qué es lo que en realidad están fumando. La información del etiquetado de los paquetes de tabaco para cachimba suele estar incompleta o errónea, lo que hace que el fumador desconozca ciertamente lo que está consumiendo. Cabe recordar que en España está prohibida la venta de cualquier producto de tabaco a menores de 18 años.

Por otro lado, Mary Rezk Hanna, investigadora de la Universidad de California (UCLA), realizó un experimento en el que participaron jóvenes de entre 18 y 34 años que no fumaban cigarrillos. En este estudio se comprobó que con una sola sesión fumando pipa de agua, las paredes de las arterias de los participantes se habían endurecido.

Según Rezk Hanna, “es un problema serio porque con una arteria rígida y obstruida el riesgo de muerte y de otras enfermedades cardiovasculares se multiplica. Las sesiones con pipa de agua pueden prolongarse por horas, por lo que el número de inhalaciones es mucho mayor que con un cigarrillo”.

El caso es que ante la creciente popularidad del narguile entre los adolescentes, la sociedad civil y la Administraciones comienzan a movilizarse. Recientemente, la Agrupación de Desarrollo de Prevención de Adicciones (ADEPA), en colaboración con el Ayuntamiento de Málaga, ha lanzado un vídeo dirigido a los jóvenes, así como también a los docentes y asociaciones de madres y madres de los centros educativos, para concienciar y prevenir de los riesgos de esta moda, que tiene en la desinformación su mayor peligro.

 

Texto:

Ana Quevedo Suárez, departamento de Comunicación del COFM.

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