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Una farmacia con pies de barro

Al parecer fue el profeta Daniel quien primero utilizó la expresión de gigante con pies de barro. Lo hizo, según explica el filólogo José Antonio Monge, para interpretar un sueño de Nabucodonosor, en el que “una gigantesca estatua, compuesta de oro (cabeza), plata (torso), bronce (caderas), hierro (piernas) y barro (pies), se desmoronaba por el desprendimiento de una piedra.

Sirva esta cita bíblica para alertar una vez más de la fragilidad de nuestro admirado modelo de farmacia. De poco importará que su regulación cuente con todas las bendiciones de los tribunales europeos y parabienes de las autoridades sanitarias si sus cimientos económicos continúan erosionándose hasta el punto de necesitar desde hace seis años que lo apuntalen a través de un sistema de subvenciones.

Por eso, la estrategia principal del Colegio ha consistido en defender, en primer lugar, la salud económica de la red de farmacias. Durante estos años que se han puesto a prueba la solidez financiera del propio Estado, hemos priorizado el cobro en tiempo y forma de las recetas. Sin esta garantía, que ha sabido reconocer el propio Gobierno regional, no hay prestación farmacéutica posible.

Obviamente es un mínimo y necesitamos ir más allá para seguir recuperando el terreno perdido durante la crisis. Quien gestiona una farmacia en España sabe que sus ingresos se encuentran en niveles de 2006 pero, eso sí, con más gastos de personal y funcionamiento y con menor capacidad de inversión, como nos revelan las últimas cifras del INE sobre el sector.

Una línea de trabajo para invertir esta situación es la derogación del injusto sistema de descuentos que grava nuestros ingresos desde 2000. Seguiremos manteniendo la presión para conseguir este objetivo que entendemos es prioritario para la farmacia española.

Otra estrategia en la que estamos consiguiendo avances es la recuperación de los medicamentos de diagnóstico hospitalario sin cupón precinto que salieron del canal de farmacia.

Como ya hemos informado, el Colegio ha logrado el retorno de tres principios activos gracias a la Comisión Científico-Técnica que creamos junto a la Consejería de Sanidad para analizar, uno por uno, la situación de dispensación de los 269 fármacos que salieron de la farmacia. Esta estrategia es importante por sí misma, porque obliga a justificar con criterios técnicos y no económicos por qué se debe restringir la dispensación de un medicamento a los servicios de farmacia hospitalaria. Y no se trata de pensar en la farmacia, sino de anteponer el interés de los pacientes a cualquier otra consideración profesional, económica o de cualquier índole.

Es evidente que también hay que perseverar en la gestión, en la eficiencia, en el autocuidado o en los nuevos escenarios abiertos por las nuevas tecnologías, porque todo suma para conseguir esta solidez económica sin la cual, ya lo sabemos, todo se desmorona.

Son todos ellos pasos en la buena dirección para reconstruir la maltrecha economía de la farmacia, a fin de que los farmacéuticos podamos invertir en nuestra propia transición profesional hacia una farmacia de servicios que responda a las necesidades actuales de la población. Solo así podremos acometer esta empresa que contribuirá a reforzar nuestro papel como farmacéuticos y, por ende, también los pilares económicos de nuestro modelo.

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