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La farmacia española ante el espejo europeo de la pandemia

Si nos miramos en el espejo internacional de la farmacia es siempre para compararnos con afán de aprender de los aciertos y errores ajenos y no tanto para sacar pecho de nuestro gran modelo, como nos hemos mal acostumbrado desde hace mucho tiempo.

Viendo los hitos y avances registrados por nuestros compañeros en Europa y en el mundo durante la pandemia, cabe preguntarse por qué los gobiernos europeos de nuestro entorno confían en sus farmacéuticos sin reservas, hasta el punto de contar con ellos en la campaña de vacunación contra la COVID-19 o en la estrategia de detección de contagios, mientras que aquí en España, salvo excepciones, se desconfía y se bloquea de forma sistemática cualquier iniciativa que parta del sector.
La participación de los farmacéuticos franceses, italianos o ingleses, por citar tres casos próximos, en el histórico reto de vacunación que tenemos por delante como sociedad y como sanidad debe ser, sin duda, un estímulo profesional para todos. Es, en primer lugar, una oportunidad aprovechada para demostrar que, como profesionales sanitarios, los farmacéuticos jugamos un papel esencial en esta crisis. Es también la prueba más palpable del valor estratégico de la red de oficinas de farmacia. Lo hemos visto en la emergencia sanitaria cuando hemos mantenido las puertas abiertas frente a cualquier adversidad.

La pregunta, sin todavía respuesta, es por qué no en España. La experiencia desarrollada en el COFM al vacunar a 10.083 farmacéuticos es tremendamente positiva. Por primera vez, farmacéuticos han vacunado a farmacéuticos, en colaboración con un equipo de médicos y enfermeros.

Si esto ha sido posible en Madrid, gracias a la confianza de sus autoridades sanitarias, por qué no se amplía esta posibilidad y se permite a las oficinas de farmacia que estén preparadas a participar también en la campaña sumando nuevos puntos de vacunación. Sería una nueva alternativa para una población a la que se le obliga ahora, como única opción, a trasladarse a centros de salud y hospitales para hacer cola esperando su turno.

Qué duda cabe que cuando se normalice el suministro de vacunas, esta colaboración podría ser decisiva para acelerar el ritmo de vacunaciones.

Si durante la primera ola de la pandemia, la farmacia española fue, en efecto, un apoyo fundamental del sistema sanitario gracias al enorme sacrificio hecho por sus profesionales, lo que llevó a algún representante del sector a afirmar que la farmacia española había actuado por delante de nuestros compañeros en Europa, lamentablemente no ha sido así desde entonces.

Apenas se ha permitido colaborar a los farmacéuticos en los grandes retos que tenía el sistema de salud: vacunación y detección de contagios. Cuando hemos abierto el camino, y sin duda el Colegio ha sido punta de lanza en ambos casos, siempre ha sido con cortapisas del Gobierno central.

Por eso, más que hacer balances triunfalistas, es el momento de hacer autocrítica para remover los obstáculos que nos impiden avanzar más lejos, sin olvidar que somos los propios farmacéuticos españoles quienes debemos marcar nuestro propio rumbo y decidir cómo queremos ejercer la profesión y hasta dónde queremos llegar.

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