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Farmacéutico en las nubes

El compendio de sabiduría popular que representa el refranero señala que “estar en las nubes” significa no estar atento a lo que sucede en el momento, estar en una ensoñación, en un espacio etéreo alejado de la realidad. “Estar en las nubes”, no obstante, a pesar de lo que diga el refranero no es una situación que podamos etiquetar de manera peyorativa.

Kalina Christoff, profesora asociada en el Departamento de Psicología y del Centro de Investigación del Cerebro en la Universidad de Columbia Británica (Canadá), ha investigado las funciones de la corteza prefrontal anterior y ha vinculado esta parte del cerebro a los procesos de introspección y lo ha relacionado con las formas espontáneas del pensamiento. Por otra parte, esta profesora ha indicado, asimismo, que el ensimismamiento activa en el cerebro las zonas encargadas de resolver problemas complejos. “Estar en la nube”, en la actualidad, también significa acceder a servicios informáticos a través de Internet. Dichos servicios están ubicados en servidores que podemos utilizar sin necesidad de tener esa información almacenada en nuestro equipo.

Pero cuando hemos titulado este post “Farmacéutico en la nubes” no nos estábamos refiriendo a ninguna de esas explicaciones.

Los más familiarizados en el mundo de la meteorología están acostumbrados a distinguir unas nubes de otras y son capaces de señalar que la nube que aparece en la imagen de nuestra ilustración se denomina “cúmulo” (montón en latín) y que también hay “cirros” (fibras), “estratos” (capas) o “nimbos” (nube de agua). Se conocen, igualmente, distintas combinaciones de las anteriores como “cúmulo-nimbo”, “cirro-estrato”, etc. Lo que quizá resulta menos conocido, es que esa clasificación fue inventada en 1802 por el farmacéutico inglés Luke Howard (1772 – 1864), que la dio a conocer en la Askesian Society en una conferencia titulada “Sobre las modificaciones de las nubes”. En 1803 publicó su trabajo por entregas en la revista Philosophical Magazine. Howard no fue el primero en intentar clasificar las nubes, Jean Baptiste de Lamarch (1744-1829) ya había propuesto una lista de límites descriptivos en francés, pero el éxito del sistema de Howard se fundamentó en el uso del latín universal. Howard fue nombrado “fellow”, es decir, miembro de la Royal Society en 1821.

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