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Estreñimiento infantil

El estreñimiento es un trastorno digestivo que tiene como efecto la falta de evacuación regular o bien las evacuaciones dolorosas o incompletas. Se considera estreñimiento cuando el niño permanece sin evacuar durante un período superior a tres días.

Resulta muy frecuente en la población general y, en el caso de los niños, puede ser temporal o llegar a convertirse en un problema constante.

Los efectos del estreñimiento no son graves, pero es imprescindible diagnosticarlo correctamente durante la infancia e intentar la reeducación del organismo de los niños. En los casos en que el especialista lo crea conveniente, se recurrirá a los fármacos.

¿Qué causa el estreñimiento infantil?

La dieta es un factor clave. En la infancia es difícil incorporar en las comidas alimentos ricos en fibra (verduras, frutas y legumbres) así como, también, ingerir muchos líquidos. A los niños les parecen más atractivos los alimentos dulces, las comidas rápidas (ricas en grasas), el chocolate, etc.; un tipo de alimentación que no ayuda a regular el ritmo intestinal ni a hacer más fácil la evacuación. A esto también contribuye, el mal hábito de no ingerir frecuentemente agua o zumos de frutas.

A menudo, la causa del estreñimiento en los niños se explica por factores psicológicos, como por ejemplo, algún cambio importante en su vida (retirada del pañal, fobia al inodoro, intento de llamar la atención, cambio de casa, guardería o escuela, etc.) que les afecte de una manera especial.

También hay algunas situaciones habituales como la toma medicamentos, la reducción de la actividad física (durante épocas de exámenes, cuando deben estar encamados, etc.) o no establecer un horario regular al día para defecar.

¿Cómo tratar el estreñimiento infantil?

El estreñimiento que aparece antes de los seis meses de vida del niño tiene su origen en una cierta inmadurez del sistema digestivo, y suele finalizar de forma espontánea cuando comienza a ingerir frutas y verduras.

A partir de los dos años, con control de los esfínteres, si aparece estreñimiento hay que actuar a diferentes niveles:

  1. Primer paso: evacuación.

Para conseguir una evacuación completa se pueden utilizar:

–       Enemas y microenemas de limpieza

–       Supositorios de glicerina

Se trata de una medida puntual y no debe administrarse habitualmente.

También se pueden usar laxantes suaves, como los azúcares no absorbibles (la lactulosa) o los laxantes emolientes que, aunque tardan un poco más en actuar, no alteran la motilidad intestinal. En estos casos siempre bajo supervisión médica.

  1. Segundo paso: educar el intestino.

En esta fase es necesario que los padres, con la ayuda del pediatra, orienten y ayuden al niño para instaurar un hábito regular.

La dieta será rica en fibra para favorecer la disminución del tiempo de tránsito colónico y el aumento del volumen de las heces, y con aportes adecuados de líquidos.

Se puede complementar con algún medicamentos, siempre bajo prescripción médica, usando laxantes del tipo lubricantes, emolientes o procinéticos. A medida que el organismo vuelve a evacuar regularmente se debe retirar el tratamiento.

 

CONSEJOS PRÁCTICOS:

– Hacer de las comidas un rato agradable para estar en familia o con amigos. Fomentar la masticación.

– Introducir los alimentos (verduras, frutas, cereales integrales, etc.) con recetas divertidas y con una presentación atractiva.

– Introducir alimentos ricos en fibra en todos los menús del día. Promocionar el consumo de kiwi, ciruelas, etc., que son las frutas con más efecto laxante.

– Evitar abusar de alimentos astringentes como el arroz, chocolate, zanahoria, plátanos, manzanas, etc.

– Potenciar la ingesta adecuada de líquidos a lo largo del día.

– Acudir al baño siempre se sientan ganas de defecar.

– Dedicar un rato al día para ir al baño, siempre el mismo, entre 5 y 10 minutos. La posición deber ser cómoda con los pies apoyados sobre el suelo o sobre alguna superficie tipo taburete para que el niño se encuentre a gusto.

– Cuando procedamos a la retirada del pañal, debemos mostrar al niño que, aunque puede haber algún que otro escape, este hecho no supone un problema grave. Quitaremos importancia a los pequeños fracasos y ayudaremos al niño cuando no conozca el entorno y no sepa dónde está el baño.

– Es conveniente que el niño informe a los padres o a los profesores o cuidadores cuando va al baño, para controlar la frecuencia.

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