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“Estamos felices de aconsejarle”

Es una anécdota que seguro que sonará a muchos compañeros con oficina de farmacia y que refleja bien no solo el valor que tiene el consejo farmacéutico para los pacientes, sino la escasa conciencia que tienen de su coste real y el impacto que puede tener Internet en las farmacias de barrio.

Sucedía en una botica alemana y lo contaba una periodista que no daba crédito a lo que presenciaba. Le tocaba su turno a un matrimonio de avanza edad, con buena presencia y modales muy educados, según apunta la periodista en el diario especializado Apotheke Adhoc. Ya en el mostrador la mujer le entrega un papel al farmacéutico donde le pregunta si el medicamento anotado es o no compatible con otros fármacos recetados sin riesgo de efectos secundarios.

Fiel al lema de la farmacia que decía “Estamos felices de aconsejarle”, el profesional consultó primero el ordenador sin éxito, llamó a un compañero para pedirle ayuda pero tampoco logró una información que fuese precisa. Sin rendirse, llamó por teléfono directamente al laboratorio fabricante para despejar cualquier duda. Después de anotarlo en el papel y de agradecer a su interlocutor, el farmacéutico explicó a la pareja de ancianos con todo detalle que no existía ninguna incompatibilidad farmacológica con los otros fármacos.

Mientras el resto de pacientes esperaba pacientemente el desenlace, el farmacéutico comprobó que no disponían el medicamento en stock y se comprometió a conseguirlo en unas pocas horas. Lo que no esperaba fue la respuesta del paciente: “lo haremos a través de DocMorris, porque las farmacias de Internet son mucho más baratas”.

Dicho y hecho salió de la farmacia con su esposa, dejando a todo el personal de la farmacia atónito ante lo que acaba de suceder.

Quizás tiene usted anécdotas de desaires similares ante los que resulta difícil reaccionar, si pasando página después de respirar profundamente contando hasta diez o mostrando el lógico enojo ante un comportamiento difícil de justificar, una vez que el profesional ha invertido su tiempo y conocimiento en prestar el mejor servicio posible a su alcance.

Sin duda que el día a día de la farmacia da mucho juego. Los ciudadanos no solo recurren a la farmacia en busca de remedios, sino también de consejo de salud profesional y personalizado que los farmacéuticos prestamos con mucho gusto, aunque el ciudadano desconozca cuál es el coste del consejo experto del farmacéutico que tiene también que pagar el alquiler o los salarios del personal y el valor real que supone tener siempre cerca una farmacia abierta. Esperemos que por mucho tiempo.

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