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En farmacia: ¿más por menos?

La farmacia española facturó al sistema público en 2018 lo mismo que hace 12 años, pero dispensando un 20 por ciento más de recetas, según los datos avanzados por el Ministerio de Sanidad. Ni que decir tiene que durante este periodo los gastos operativos del sector, en personal, formación, gestión de stock o tecnología, han seguido escalando y limando los márgenes netos de la farmacia. Es una realidad que conocemos bien como farmacéuticos y que, por supuesto, no renunciamos a cambiar.

La pregunta que nos hacemos es si este es el futuro que nos espera en el horizonte 2020-2030. ¿Seguimos pidiendo más trabajo, asumiendo nuevas responsabilidades profesionales y cargas tecnológicas, para ingresar menos? O, por el contrario, ¿empezamos a ofrecer alguna certeza que nos permita afrontar con mayor seguridad legal y respaldo económico nuestro justo empeño profesional por desarrollar nuevos servicios farmacéuticos y alcanzar un mayor protagonismo sanitario y social?

En mi opinión, conviene asegurar antes lo fundamental y, por ello, no podemos resignarnos a dispensar solo medicamentos a precios irrisorios, ni tampoco debemos dejar que la innovación se desvíe sistemáticamente a los hospitales, como no ocurre en ningún otro país de nuestro entorno. Mucho nos tememos que esta vía conduce no solo a las farmacias VEC, sino al cierre de muchas oficinas, rurales sobre todo, y con ello al desmantelamiento efectivo de un modelo que exhibe Marca España pero que esconde grandes debilidades estructurales.

Los datos son contundentes y dejan poco espacio para complacencias y promesas que nadie se compromete a comprar. Es el resultado de una política farmacéutica aplicada por los distintos Gobiernos sin oponer prácticamente ninguna resistencia por parte de nuestros representantes, obviando no solo los intereses de las farmacias sino también de los pacientes. Su principal resultado lo vemos hoy escrito en los diarios especializados, tal y como nos venía advirtiendo la consultora IQVIA, al igualarse en ventas dos mercados o dos canales de dispensación de medicamentos, como son el hospitalario y el de oficina de farmacia, que difícilmente deberían ser equiparables.

Este es el balance y la realidad que nos toca cambiar de formar prioritaria desde una farmacia que ha perdido su carácter de establecimiento sanitario de referencia en la dispensación para los ciudadanos y que sigue condenada a pagar descuentos y deducciones desde hace 19 años.

Sí, quizás hemos logrado que no se liberalizase el sector, pero el precio está siendo sin duda muy alto al socavarse los cimientos económicos de una red de farmacias que sigue siendo una de las principales garantías sanitarias que disfrutamos los españoles.

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