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Ejercicio para cultivar la memoria

Los efectos positivos que produce el deporte van más allá de esculpir el cuerpo. Nuestra mente también se beneficia de la práctica de ejercicio físico, mucho más de lo que algunos imaginan. Porque nos ayuda a mantener el cerebro activo y mejora, entre otras cosas, la capacidad para cambiar y focalizar nuestra atención.

¿Notas que, al margen del cansancio tras hacer deporte, te sientes bien anímica y físicamente? Hay que darle las gracias a la anandamida, un endocannabinoide (pequeñas moléculas producidas por el cuerpo durante el esfuerzo físico) que se sintetiza en las zonas del cerebro donde se gestiona la memoria, la motivación, los procesos cognitivos superiores y el control del movimiento.

Así se desprende de un estudio elaborado por un equipo de científicos de la Universidad de Ginebra (Suiza), publicado en la revista Scientific Reports bajo el título “Effect of acute physical exercise on motor sequence memory”, en el que observaron que la memoria de la secuencia motora mejora de forma significativa al realizar ejercicio de intensidad moderada. Algo que se correlacionó con el aumento de la mencionada anandamida.

Kinga Iglo, principal autora del estudio, explica en el texto que “circulan en la sangre y cruzan fácilmente la barrera hematoencefálica. Luego se unen para especializar los receptores celulares y desencadenan esta sensación de euforia. Además, estas mismas moléculas se unen a los receptores en el hipocampo, la estructura principal del cerebro para el procesamiento de la memoria”.

¿Cómo lo comprobaron? Eligiendo a un grupo de adultos jóvenes a los que pidieron montar en bici durante un tiempo determinado y modificando la intensidad. Al finalizar, realizaron una prueba cognitiva y observaron que después de la intensa sesión deportiva, el rendimiento cognitivo era mejor.

Precisamente sobre este área del cerebro, el hipocampo, en otro estudio anterior publicado en la revista NeuroImage, coordinado por expertos de la Universidad de Sídney Occidental, y de la División de Psicología y Salud Mental de la Universidad de Manchester (Reino Unido), revelaba que los ejercicios aeróbicos, como correr o andar en bicicleta, limitan el deterioro que se da de forma natural en el cerebro como consecuencia del paso del tiempo.

Beneficios de la danza en la memoria

Bailar es otra de las “medicinas” para la memoria. Leonardo Robayo, maestro en Artes Escénicas de la Universidad Distrital de Colombia, Facultad de Artes ASAB, explica que “la danza, al igual que otras prácticas artísticas, requiere concentración, precisión y disciplina, que ayudan al cerebro a generar sinapsis de un nivel avanzado, puesto que se deben coordinar el oído (voz, lenguaje, musicalidad), el cuerpo en movimiento (coordinación, elasticidad, fuerza, resistencia, dinámicas del movimiento), la percepción del espacio (ubicación espacial, traslados, niveles, direcciones, formas), la percepción del cuerpo (propio y del otro) y la comunicación no verbal (con el espectador, el equipo de trabajo y el espacio)”.

Hace cuatro años, Robayo comenzó a impartir clase a Charo, una alumna que había sufrido un ictus, además de un cáncer de mamá y otras dolencias físicas que le hicieron perder la lateralidad, el equilibrio, la ubicación espacial, habilidades de lenguaje, la percepción de su cuerpo y la memoria. Charo explica que “es curioso, porque mi madre era bailarina y yo he bailado toda mi vida. Incluso embarazada seguí bailando. Sin embargo, tras el ictus, todo cambió. Aunque hice rehabilitación e iba al gimnasio periódicamente, veía que no era suficiente. Por eso comencé a dar clases de danza con Leo y también a practicar yoga. Desde entonces, he notado como mi equilibrio y mi memoria han mejorado mucho a la hora de recordar coreografías que luego practico en casa también”.

Algo que Robayo corrobora: “A día de hoy es sorprendente, tanto para ella como para mí, el avance y la evolución que su cuerpo y mente han hecho a través de los años. La mejoría en muchas de sus habilidades físicas y mentales salta a la vista para quienes la conocemos. Me atrevería a pensar que hemos realizado un proceso terapéutico, y ella misma se ha demostrado, gracias a su constancia y persistencia, que sin importar la edad o la limitación mental o física que se tenga, la danza puede ayudar a mejorar la calidad de vida de una persona”.

El resultado, para quienes se lo permiten, siempre será un abanico sorprendente de posibilidades y descubrimientos de su propio cuerpo y su capacidad de memorizar “secuencias coreográficas, términos dancísticos o anatómicos, conteos musicales y textos (obviamente cada persona tendrá su propio proceso y ritmo de aprendizaje)”, explica Robayo, que añade que “no pocas veces he tenido que escuchar a mis alumnos hablar de su falta de memoria, la poca capacidad de concentración, de la falta de habilidades físicas y un largo etcétera de quejas y auto saboteos que ellos mismos se imponen como queriéndose disculpar con antelación por su “torpeza”. Casi siempre debo aclararles que la danza, al igual que muchos otros aprendizajes en la vida, se trata de un proceso constantes”, concluye.

 

Texto:

Alba Jiménez Rodríguez, periodista del departamento de Comunicación del COFM.

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