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¡Di no al sedentarismo!

El sedentarismo es la ausencia de actividad física regular. Una persona sedentaria es aquella que realiza menos de 30 minutos diarios de ejercicio y con una frecuencia inferior a 5 días por semana, lo que supone un gasto calórico de menos de 2.000 calorías semanales.

Durante los últimos años el sedentarismo ha emergido como un importante factor de riesgo vinculado al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial, síndrome metabólico, cáncer e incluso mortalidad.

Aunque es sabido que la falta de actividad física no es saludable, las cifras de población sedentaria continúan en aumento, un dato bastante alarmante. Estudios recientes demuestran que la inactividad en tiempo de ocio es mayor en mujeres (41,9%) que en hombres (33.5%). El 35.3% de la población entre 15 y 69 años no alcanza el nivel de actividad física saludable recomendado por la OMS: practicar al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada o 75 minutos semanales de actividad física intensa. Otra opción es una combinación entre ambas.

El papel del farmacéutico es de gran importancia en la vida de los pacientes sedentarios a la hora de afrontar cambios de hábitos. Su papel como profesional sanitario es óptimo para realizar actividades de promoción de la salud y prevención de la enfermedad, gracias a su fácil acceso para la población. El farmacéutico puede concienciar, formar e informar acerca del estilo de vida saludable y de las conductas que es preciso modificar o adoptar para la consecución de este.

Para combatir el sedentarismo se puede comenzar efectuando pequeños actos en la rutina diaria. Aquí se muestran algunas ideas:

  • Desplazarse al trabajo caminando o en bicicleta. Si se viaja en transporte público, bajarse unas paradas antes y hacer caminando el resto del trayecto. En caso de desplazarse en coche, aparcar más lejos.
  • Cuando sea posible, utilizar las escaleras en lugar del ascensor.
  • Si se tiene un trabajo de oficina, buscar formas para levantarse de la silla como caminar mientras se habla por teléfono. Otra idea es sustituir el correo electrónico o los mensajes instantáneos por el desplazamiento a las mesas de los compañeros para comentar los asuntos laborales.
  • Si, por el contrario, el trabajo implica caminar, proponerse hacerlo de manera más enérgica. Cuanto mayor sea la velocidad, mayores serán los beneficios.
  • Aprovechar los descansos, en lugar de tomar un café mientras se mira el móvil, para realizar una caminata a paso rápido o algunos estiramientos suaves.
  • Organizar un grupo con amigos o familiares para realizar deporte, será una motivación cuando los ánimos decaigan.

 

Lo más importante es que a la hora de promover este hábito la persona sea feliz realizando ejercicio físico, que lo disfrute considerándolo una actividad de ocio y no una obligación.

En determinadas situaciones, el farmacéutico puede aconsejar a los pacientes la toma de complejos que contengan vitaminas, minerales o aminoácidos que ayuden al paciente a permanecer más activo, reduciendo la sensación de fatiga, favoreciendo el funcionamiento normal de los músculos o contribuyendo a un mejor aprovechamiento de la energía del organismo. Además, puede llevar un seguimiento tanto del peso como de las cifras de presión arterial del individuo, factores que guardan relación con el sedentarismo.

 

Texto:

Lourdes Buenavida Jurado, farmacéutica del Servicio Técnico de Información del COFM.

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