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Cuidados del eritema solar

Durante estas fechas veraniegas y después de lo que hemos vivido estos meses pasados, estamos deseando salir a pasear y a hacer deporte, ir a la playa o a la montaña y pasar largas horas tomando el sol. Tenemos que tener en cuenta que en esta época los rayos del sol son más perjudiciales, ya que inciden en la Tierra de forma más perpendicular y, además, nuestra piel está muy vulnerable, por lo que una adecuada protección es fundamental para evitar posibles daños. Desde el siguiente post os recomendamos mucha precaución y, sobre todo, mucha protección.

El sol puede quemarnos la piel incluso si hace frío o el día está nublado. Además, tenemos que tener en cuenta que la nieve, la arena, el agua y otras superficies pueden reflejar los rayos ultravioleta y quemar la piel de manera intensa. El mayor problema de las quemaduras solares es que, con los años, incrementa de manera exponencial el riesgo de padecer cáncer de piel, ya que la radiación solar es acumulativa.

Las personas con pieles poco pigmentadas, ojos claros (fototipos I y II), los niños, los lactantes y las personas que trabajan al aire libre, constituyen los grupos de mayor riesgo.

La quemadura solar es una lesión aguda de la piel producida por una excesiva exposición a la radiación ultravioleta, proveniente del sol o de fuentes artificiales. Estas radiaciones provocan alteraciones en la epidermis y, según la gravedad de la lesión ocasionada, podemos encontrarnos con la aparición de un eritema (piel enrojecida, caliente, inflamada, con molestias al mover la zona y que puede doler) o, si el daño es más profundo, con una quemadura solar propiamente dicha (piel muy roja, dolor, escozor fuerte y aparición de ampollas). Estos síntomas aparecen a las 2-4 horas tras la exposición solar y son más intensos a las 24 horas de la exposición. Es común que nuestro organismo responda también a este exceso de radiación solar con dolor de cabeza, malestar general, fiebre, escalofríos y náuseas.

El tratamiento de este tipo de lesiones va dirigido a calmar los síntomas, reducir el dolor, la hinchazón, el malestar y a restaurar el aspecto de la piel.

  • No debemos exponernos más al sol o a la fuente de radiación hasta que los síntomas hayan desaparecido por completo.
  • Refresca la zona colocando compresas de agua fresca sobre la superficie quemada o tomando un baño.
  • Aplica crema o loción hidratante, preferiblemente aquellas con principios activos calmantes (aloe vera, bisabolol…) aptas para después del sol. Así conseguiremos aliviar el dolor y reducir la inflamación. Pasados unos días, la zona afectada puede comenzar a descamarse (esta es la forma en que nuestro cuerpo se deshace de la capa superior de piel dañada) y mientras dure este proceso debemos continuar con la hidratación intensa.
  • Evita el uso de perfumes. ya que podría darse una reacción alérgica o de sensibilización.
  • Bebe mucha agua a sorbitos pequeños y a menudo para rehidratar el cuerpo y la piel.
  • En caso de dolor o fiebre, tomar paracetamol o ibuprofeno.
  • Si tenemos ampollas, no debemos tocarlas.
  • Si persiste el dolor y el malestar, si la situación no mejora, si la fiebre supera los 38.5ºC, si aparecen ampollas o hay náuseas, vómitos, y/o estado de confusión, debemos acudir al médico.

Afortunadamente, la mayoría de los efectos adversos de la exposición al sol pueden evitarse tomando una serie de precauciones:

  • Evitar exponerse al sol en las horas centrales del día (de 12 a 16 horas).
  • Disminuir las partes del cuerpo expuestas directamente al sol. Usar ropa holgada de algodón de colores claros. Cubrir la cabeza con sombreros o gorras.
  • Utilizar gafas de sol homologadas que filtren, al menos, el 90% de la radiación ultravioleta.
  • Usar productos de protección solar con un factor elevado y adecuados a su edad, tipo de piel y zona del cuerpo. Estos protectores deberán aplicarse, en cantidades generosas, sobre la piel seca, 30 minutos antes de exponerse al sol y repetir la aplicación cada dos horas y después de cada baño. Utilizar el protector solar incluso en días nublados.
  • No te olvides de proteger tus labios con bálsamos adecuados.
  • No exponer al sol a niños menores de 3 años.
  • La altitud a la que nos encontramos también afecta. Hay que tener en cuenta que el efecto de los rayos solares es mayor en zonas altas, como la montaña.
  • Ten cuidado con los medicamentos que aumentan la sensibilidad al sol (algunos antibióticos, antidepresivos, etc.). Habla con tu farmacéutico al respecto.

Estos hábitos deben adoptarse desde la infancia y practicarlos durante toda la vida. Así, podremos protegernos del sol y disfrutar del verano al aire libre.

Texto:

Rebeca González Ginés, farmacéutica del Servicio de Información Técnica del Medicamento del COFM

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