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Cuando el chocolate sólo se vendía en la farmacia

La palabra chocolate viene de México y del vocablo ‘xocoatl’, que en lengua náhuatl significa ‘agua amarga’ y era la bebida de los dioses aztecas. Tras el descubrimiento, Hernán Cortés no tardó mucho en valorar sus propiedades energéticas y paso a utilizarlo como reconstituyente para vigorizar las habilidades y la fuerza de sus soldados. Convencido de las virtudes del producto descubierto en tierras andinas mandó unas semillas a España en el año 1521, asegurando que “cuando uno lo sorbe, puede viajar toda una jornada sin cansarse y sin tener necesidad de alimentarse”.

Parece que Hernán Cortés no estaba descaminado; el tiempo ha disipado las dudas sobre el valor nutricional de las semillas del cacao y su aportación energética gracias a su contenido en hidratos de carbono, grasas y elementos minerales como magnesio, fósforo o hierro. De hecho, durante la Segunda Guerra Mundial, las tropas americanas recibían diariamente una ración compuesta por tres barras de chocolate con el objetivo de incrementar la moral de los soldados y aportar el valor calorífico suficiente para resistir el combate.

Es más, durante siglos al chocolate se le atribuyeron propiedades medicinales y como tal se vendía en farmacias para el tratamiento de diversas enfermedades, entre ellas la angina y el dolor del corazón. También se utilizaba como purgante a la magnesia, combinado con avena, arroz y cereal o con extracto de carne para ayudar al crecimiento de los niños y recuperar personas enfermas. En 1662, el médico francés Nicolás de Blegny publicó el libro “El buen uso del té, el café y el chocolate para la preservación y curación de las enfermedades”.

El avance de la medicina y el refinamiento culinario hicieron el resto y a lo largo de 1800 el chocolate salió de las farmacias para ocupar su propio espacio. De hecho, fue el farmacéutico francés Antoine Menier quien, partiendo de un método utilizado para triturar drogas y vegetales lo aplicó al cacao e hizo posible la elaboración industrial del chocolate. Sería en 1836 cuando, en la que hoy es la sede de Nestlé, se comienza a comercializar una barrita de chocolate negro ideal para meter entre pan que fue la precursora de la tableta de chocolate.

En los últimos años se está prestando especial atención a las propiedades antioxidantes de las semillas del cacao, que se asocian a una acción protectora en la prevención y desarrollo de diferentes patologías por estrés oxidativo, tales como enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares, cáncer… Eso sí para que el chocolate sea bueno para la salud, tiene que ser un chocolate con un alto porcentaje de cacao, bajo en azúcar y orgánico.

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