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COVID-19: farmacias para hacer la vida más fácil y segura

Tan simple y sencillo como entrar en una farmacia, hacerte un test rápido y saber si estás contagiado o no de COVID para certificar el resultado donde corresponda. O tan rápido y efectivo como vacunarte de la segunda dosis en la farmacia que elijas de tu lugar de veraneo sin necesidad de retrasar el pinchazo o cancelar las vacaciones.

La vida podría ser mucho más fácil y segura durante la pandemia si nuestras autoridades sanitarias hubiesen contado a fondo con sus farmacéuticos desde el principio. Salvo excepciones, no ha sido así y tanto los ciudadanos como el resto de los profesionales sanitarios que deben atender miles de consultas diarias llevan pagando las consecuencias de esta omisión, de este ninguneo a la profesión farmacéutica que, en ocasiones, raya el desprecio.

La presidenta del Consejo de Colegios Farmacéuticos de Canarias se volvía a hacer esta semana la pregunta que todos los farmacéuticos se llevan haciendo desde que la primera ola de la pandemia arrasó España: ¿por qué no se cuenta con la farmacia?, ¿por qué se rechaza la mano tendida de los farmacéuticos españoles y se desaprovecha el tremendo potencial sanitario que ofrece la red española de farmacias para descongestionar la Atención Primaria, detectar a tiempo los contagios o inmunizar de forma más rápida, sin necesidad de pagar el peaje de las esperas y las colas a las puertas de los hospitales y centros de salud?

Son cuestiones difíciles de explicar a la vista de las necesidades, las grandes carencias observadas en la gestión de la mayor crisis sanitaria de nuestra historia reciente y, sobre todo, sus penosos resultados.

Es cierto que se autorizaron medidas extraordinarias durante el estado de alarma, cuando la farmacia se convirtió en un salvavidas para tantos ciudadanos. Pero ni la atención farmacéutica domiciliaria o la dispensación de medicamentos hospitalarios a través de las oficinas de farmacia se han mantenido en el tiempo, a pesar de su eficacia y, sobre todo, de la satisfacción expresada por los propios ciudadanos.

Quizás sea esto último, la opinión y la satisfacción de los ciudadanos, una de las claves del actual estado de cosas en la sanidad española. La experiencia de los pacientes no cuenta o cuenta poco. Es un indicador que no se valora en el Sistema Nacional de Salud, porque se gobierna y se gestiona de espaldas a la sociedad y a sus profesionales sanitarios, sin preguntar ni contar con ellos, sin rendir cuentas. En definitiva, todo por el paciente, pero sin los pacientes.

 

 

Texto:

Juan Marqués, periodista del COFM

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