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¿Tenemos un código de vestir en la farmacia?

Cualquier ciudadano que entre en una farmacia en España y vea que le atiende alguien sin bata blanca ni identificación pensará: ¿pero quién es este? Y con razón. Nos hemos acostumbrado a que el farmacéutico vista su tradicional bata y esté siempre identificado, como exige la regulación vigente. Es una señal distintiva de esta profesión, que hace honor de su actividad, y también de respeto al ciudadano que nos confía sus problemas de salud y espera una solución.

Lo que nos parece tan normal y evidente en España no lo es, sin embargo, en otros países. En Inglaterra, por ejemplo, se ha suscitado un debate en medios profesionales sobre la conveniencia o no de respetar un determinado código de vestir o cuál resulta más adecuado, ya que los farmacéuticos no respetan ninguna etiqueta clara. También se están preguntando cómo perciben los ciudadanos la atención con bata blanca. ¿Es una marca profesional de competencia o demasiada formalidad puede imponer una distancia y restar cercanía en la atención farmacéutica?, como afirma algún compañero que prefiere olvidarse del uniforme y vestir de una forma informal.

No está de más preguntarse por todo y saber qué opinan los ciudadanos, qué mensaje estamos dando con nuestro vestuario, qué imagen estamos proyectando como profesionales y también de nuestra farmacia. Es de agradecer, y sobre todo después de sufrir durante este verano temperaturas tan altas en Madrid, que los farmacéuticos sigamos cuidando este aspecto y nos ajustemos a esta etiqueta que pensamos no impone ninguna distancia, sino que recuerda que la farmacia es un establecimiento sanitario por encima de todo.

Aunque la legislación no obliga a llevar bata, tan solo recoge que el personal que preste sus servicios en la farmacia “irá provisto de la pertinente identificación personal y profesional, la cual será claramente visible para el usuario”, creemos que tampoco sobra y que, sin duda, es también lo más práctico, sobre todo cuando se trata de elaborar fórmulas magistrales y preparados oficinales.

Dicho esto, tampoco conviene olvidar que lo que marca realmente la diferencia no es la bata, sino nuestra atención personal y profesional, que es lo que creemos hay que seguir cuidando y mimando a través de la formación y con nuestra absoluta entrega a los pacientes.

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