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Calidad y labor asistencial del farmacéutico en la dispensación del medicamento individualizado

En el contexto de cambio en el que está inserta la profesión para adaptarse a las nuevas necesidades, tanto económicas como sociales, la oficina de farmacia se plantea la necesidad de ofertar servicios sanitarios y asistenciales propios de su actividad. Y uno de ellos es la formulación magistral, o elaboración individualizada del medicamento, una actividad que está cobrando mayor importancia de la que ha tenido hasta ahora ya que puede convertirse en  un signo diferenciador.

En términos de calidad, la elaboración del medicamento individualizado sufrió un antes y un después de la entrada en vigor del RD 175/2001 de 23 de febrero, de obligado cumplimiento el 1 de enero de 2004. En el seno de este precepto legal se publican las Normas de Correcta Elaboración y Control de Calidad, marcando el camino en la elaboración del medicamento individualizado.

Protocolizar los métodos de trabajo supuso el primer salto de calidad importante. Todas las oficinas de farmacia y servicios de farmacia debieron adaptarse a una sistemática   documental, que aporta la garantía de trazabilidad y reconstrucción histórica de cada uno de los preparados obtenidos. A partir de ese momento, las materias primas necesarias para estas elaboraciones también se tuvieron  que adaptar a estas  normas de calidad. Una adaptación  considerada como el segundo gran salto por consolidar la calidad.

Tras estas etapas de adaptación, los expertos formulistas hablan de un tercer salto, centrado en la atención farmacéutica que se prestará al paciente al que se dispensa una fórmula magistral o preparado oficinal. En otras palabras, después de mejorar la calidad de la elaboración y asegurar la calidad de los componentes, ha llegado el momento de centrar los esfuerzos en la información y atención al paciente. Una dispensación activa de la formulación magistral mediante el seguimiento de un procedimiento de actuación, tanto en el momento del encargo de la fórmula como en el momento de la entrega. Un procedimiento que los farmacéuticos formulistas consideran se debe cumplir tanto en las oficinas de farmacia elaboradoras como en las no elaboradoras o catalogadas como dispensadoras a terceros.

El farmacéutico dispensador, sea o no sea elaborador, puede y debe asesorar, detectando posibles interacciones con los demás medicamentos y alimentos que tome el paciente. Debe realizar seguimiento farmacoterapéutico para facilitar la adherencia al tratamiento o detectar reacciones adversas. En definitiva convertir la dispensación en una atención farmacéutica integral. 

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