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Autoinyectores de adrenalina para salvar la vida de los niños alérgicos

Rodrigo tiene 7 años y es multialérgico. No puede tomar huevo, ni pescado, ni frutos secos. Si comiera cualquiera de ellos podría sufrir anafilaxia, la manifestación alérgica más grave que existe.

Consiste en una reacción alérgica generalizada, que potencialmente pone en peligro la vida y que tiene lugar en personas previamente sensibilizadas cuando vuelven a exponerse al alérgeno sensibilizador. Los síntomas son sistémicos, es decir, que afectan a todo el organismo y suelen aparecer rápidamente, en pocos minutos. La reacción puede llegar a ser muy grave afectando a la respiración (con sensación de ahogo), al corazón, bajada brusca de tensión y pérdida de conocimiento. Si la anafilaxia sucede con afectación cardiovascular y bajada de la presión arterial, se denomina choque anafiláctico.

Ante semejantes consecuencias, una de las mayores preocupaciones para sus padres era cómo se enfrentarían a su caso en el colegio. “Cuando fuimos a escolarizarle preguntábamos siempre en cada colegio si se quedarían con la medicación que necesitaba si accidentalmente comía algo que no debía. La respuesta en todos fue que sí. Pero no en todos los centros tenían mucho conocimiento de lo que era un inyector de adrenalina”, cuenta Sonia, su madre. Y es que la adrenalina, también llamada epinefrina, es la piedra angular de la anafilaxia, un tratamiento que debe ser rápido e intenso y que no va a ser el mismo si se aplica en la calle, de forma ambulatoria, o en un hospital.

La misma afirmación que hace Sonia, la corroboran desde la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEIPAC) en un comunicado. “En muchos casos, los adultos cercanos al menor no saben cómo usar los autoinyectores de adrenalina.  Por eso, organizaron en el mes de noviembre el VI Curso para Educadores en Asma y otras enfermedades alérgicas EducAler 2019”.

Desde SEICAP se piden más programas educativos en las escuelas para enseñar a los profesores, colectivo que en su mayor parte no sabe utilizar los autoinyectores, a manejar estos dispositivos. En la actualidad, ya hay Comunidades Autónomas en las que se están desarrollando algunos de estos programas, pero son minoritarios y es necesario ampliarlos a todo el territorio nacional­. “Todos los adultos que estén en contacto con el niño ya sean padres, profesores, monitores de tiempo libre o cuidadores, han de saber utilizar los autoinyectores. Así estarán en condiciones de actuar con rapidez ante una anafilaxia. A partir de los 10-11 años el menor puede ya aprender el manejo de estos dispositivos, pero en niños de menor edad han de ser los adultos quienes administren la adrenalina”, explica el doctor Juan Carlos Juliá, coordinador del Grupo de Educación Sanitaria de SEICAP.

 

Qué es la adrenalina

La adrenalina es una sustancia del organismo secretada por las glándulas suprarrenales y es responsable, junto con la noradrenalina, de la respuesta de “lucha o huida”, provocando efectos sobre los órganos principales que se manifiestan en aumento de la presión arterial, disminución de la hinchazón de la piel y mucosas, broncodilatación y bloqueo de la liberación de sustancias por parte de las células implicadas en la anafilaxia (mastocitos y basófilos).

La anafilaxia puede desencadenarse por fármacos (antibióticos, insulina, estreptoquinasa, extractos alergénicos), alimentos (frutos secos, huevos, mariscos), venenos de animales, látex…etc.

Los pacientes que tienen mayor riesgo de presentar anafilaxias más graves son aquellos con una historia previa de asma o de enfermedades cardiovasculares.

 

Autoinyectores de adrenalina

 Los autoinyectores de adrenalina son dispositivos de inyección automática, que pueden tener forma de pluma o de jeringa precargada que contienen adrenalina y que se utilizan en el tratamiento de emergencia de reacciones anafilácticas. Estas presentaciones facilitan que se pueda autoadministrar por el mismo paciente. Si se trata de un niño pequeño o de un paciente que pierde el conocimiento, debe ser administrada por otra persona, por ello, como han mencionado desde SEIPAC, es importante que todos los individuos en contacto con los niños que presentan alguna alergia grave, ya sean profesores, monitores de tiempo libre o cuidadores, estén correctamente instruidos en su manejo.

Lo ideal sería que los pacientes llevaran dos autoinyectores de adrenalina, ya que en algunos casos puede ser necesario repetir la dosis si no revierte la reacción a los 10 o 15 minutos de la primera. Además, los niños deben tener otro en el colegio.

Se deben usar en el momento en el que aparezcan los primeros síntomas de la reacción anafiláctica.

 

Cómo usar los autoinyectores de adrenalina

Todos los autoinyectores disponen de un tapón de seguridad o protector que debe ser retirado únicamente en el momento de la utilización. Se apoya el extremo del inyector en la cara externa del muslo, a través de ropa ligera o directamente sobre la piel, se presiona el botón inyector hasta que se escuche un clic, mantener unos segundos y retirar el autoinyector. No se debe inyectar nunca en el glúteo. 

Tras su uso, se debe solicitar asistencia médica inmediata. Hay que ir al hospital o llamar a una ambulancia, aunque los síntomas estén mejorando. Hasta que llegue la ambulancia, debe mantenerse tumbado, con las piernas en alto o sentado si tiene dificultad para respirar. Siempre que sea posible, debemos acompañar al paciente mientras llega la ambulancia. Se debe informar al médico de que el paciente ha recibido una inyección de adrenalina.

Es muy importante saber manejar el autoinyector que tenemos, ya que cada fabricante hace sus recomendaciones de utilización. Asimismo, hay que revisar periódicamente la fecha de caducidad del medicamento y el aspecto del líquido que contiene. Es aconsejable que familiares, cuidadores o profesores del afectado también aprendan el uso correcto del autoinyector.

Los autoinyectores con adrenalina no están contraindicados en ningún paciente durante una emergencia de tipo alérgica, pero se debe tener especial precaución en pacientes con enfermedades cardiovasculares, con hipertiroidismo, feocromocitoma, glaucoma de ángulo estrecho, alteración renal severa y diabetes. También se debe tener precaución en pacientes ancianos y en embarazadas.

 

Texto:

Inmaculada Castillo (farmacéutica del Servicio de Información Técnica del COFM)

Alba Jiménez 

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