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Abre los ojos a la Farmacia

La pandemia no ha traído más que dolor y desgracia. Ha sido una bofetada de realidad para todos como sociedad. Nos ha revelado nuestra fragilidad y las carencias del Sistema Nacional de Salud y de nuestras instituciones. Al mismo tiempo, ha supuesto una tremenda prueba de fortaleza para los profesionales sanitarios, que han pagado un altísimo precio por salvar tantas vidas.

Pero el maldito virus también ha servido para abrir los ojos a muchos ciudadanos sobre el valor real y la dimensión sociosanitaria de una red de 22.102 oficinas de farmacia que no tiene parangón en el mundo. De eso pueden estar seguros. Es, pues, el momento de reivindicar el papel del farmacéutico para consolidar los logros alcanzados durante la crisis, como ha señalado recientemente el presidente del COFM.

El pasado lunes le tocó el turno a Jesús Aguilar defender en el Congreso esta nueva realidad de la farmacia española, pendiente de desarrollo normativo para convertirse en normalidad legal para los ciudadanos y para la profesión. Dejó muchas cifras y titulares, además de un buen número de valiosas propuestas que se apoyan en el trabajo hecho por los farmacéuticos durante la pandemia. Esperemos que nuestras autoridades sanitarias sepan ponderarlas y valorarlas en su justa medida para construir el futuro sobre los cambios que se han probado efectivos y beneficiosos para la población.

Queda, no obstante, un regusto amargo al comprobar cómo las recomendaciones de los expertos van por un lado y los decretos del Gobierno por otro. El nuevo Real Decreto-ley de medidas urgentes de prevención, contención y coordinación para hacer frente a la crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19 relega una vez más a los farmacéuticos de oficina de farmacia, como ha ocurrido durante toda la crisis sanitaria. Ni tan siquiera reconoce este texto, que debe guiar el nuevo periodo abierto, el potencial de la farmacia en la nueva estrategia de Salud Pública o el alcance y apoyo social que han tenido medidas como la atención farmacéutica domiciliaria para tantas personas vulnerables y dependientes, que han visto en su farmacéutico al mejor aliado para continuar su tratamiento con total confianza.

Flaco favor se hace a los ciudadanos, y al propio sistema de salud, cuando aquello que se demuestra útil en momentos difíciles de necesidad y emergencia, aquello que arroja beneficios directos para los pacientes y evita miles de consultas o desplazamientos a los centros de salud y hospitales, como la dispensación de medicamentos hospitalarios en oficina de farmacia, se arrincona de nuevo por motivos que nada tienen que ver con la salud, el bienestar social o la simple eficiencia.

Ojalá no perdamos esta oportunidad. Ojalá los políticos acaben abriendo los ojos y no olviden todo lo que les ha ofrecido la farmacia en un periodo excepcional, de calles vacías, de una Gran Vía madrileña desierta como la que nos anticipaba el director de cine español, y donde ha brillado como nunca la cruz de la farmacia gracias al tesón, la humanidad y la profesionalidad de todos los farmacéuticos.

 

Foto: Ignacio Pereira (@ignaciopereira)

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